Dinamarca refuerza su presencia militar en Groenlandia ante las amenazas de Estados Unidos; la OTAN coordina maniobras en el Ártico, con posibles costos y un contexto geopolítico cambiante.
Dos nuevos contingentes de soldados daneses aterrizaron este lunes en Groenlandia como parte de una misión orientada a reforzar la seguridad en la isla y en el conjunto del Ártico, en un marco de presiones por parte de Estados Unidos para influir en el control del territorio autónomo de Dinamarca.
Presuntamente, en Kangerlussuaq, en la región occidental, llegó un grupo de 58 efectivos junto con el jefe del Ejército de Tierra, Peter Boysen, según informó TV2.
En Nuuk, la capital, habría aterrizado un segundo avión con un número indeterminado de militares, tal como mostraron imágenes de TV2 y la cadena DR.
El objetivo oficial es participar en las maniobras Resistencia Ártica, que se realizarán junto a otros países aliados de la OTAN y que buscan, entre otras cosas, reforzar la capacidad de defensa de infraestructuras críticas y de rutas logísticas en la región.
Presuntamente, la operación también tiene la finalidad de demostrar la voluntad de proteger recursos e instalaciones estratégicas ubicadas en Groenlandia, ante un escenario de crecientes tensiones en el Atlántico Norte.
Aunque el gobierno danés no ha facilitado datos oficiales sobre el número de tropas ni su ubicación exacta, presumiblemente hasta el lunes ya se habían desplegado en la isla unos 200 soldados daneses, según TV2.
Boysen declaró que la presencia podría volverse permanente, dependiendo de la situación, pero evitó hacer conjeturas sobre posibles respuestas ante un ataque; aseguró, eso sí, que la misión se centrará en la defensa de Groenlandia y de sus capacidades críticas.
Dinamarca anunció la pasada semana el refuerzo de su personal en coordinación con varios aliados europeos para reforzar la seguridad tanto en Groenlandia como en el Ártico.
En paralelo, presuntamente Estados Unidos ha dejado entrever que incrementará la presión económica si no se acuerda un marco de seguridad más favorable para sus intereses en la región.
Trump ha sugerido, entre rumores y declaraciones, que podrían imponerse aranceles a ocho países europeos que enviaron fuerzas al territorio, con una tasa inicial de 10% y la posibilidad de subir hasta 25% si no hay avances en las negociaciones; el objetivo, según la Casa Blanca, es lograr un acuerdo para la supuesta compra del territorio por parte de Washington, aunque estas afirmaciones no cuentan con respaldo formal.
La dinámica en Groenlandia ya había mostrado signos de reconfiguración: Alemania retiró el domingo su contingente de quince soldados y las autoridades noruegas indicaron que los dos oficiales enviados regresarían esta semana, en lo que algunos analistas interpretan como una fase de evaluación de la misión.
Presuntamente, estas retiradas podrían abrir camino a redefiniciones operativas conforme se evalúe el impacto de la nueva rotación.
En términos de costo, analistas advierten que mantener una mayor presencia en Groenlandia podría implicar gastos considerables para las arcas europeas y estadounidenses; presuntamente, la estimación inicial para las fases iniciales oscilaría entre 150 y 300 millones de euros, dependiendo de la duración de la operación, la logística y las medidas de seguridad necesarias para salvaguardar infraestructuras críticas y rutas de suministro en el Ártico.
Este factor económico se suma a la incertidumbre política que caracteriza la actual coyuntura entre Estados Unidos y sus aliados de la región.
Por último, el historial reciente de Groenlandia muestra que la presencia de fuerzas extranjeras en la isla tiene profundas resonancias históricas, desde la Guerra Fría hasta los acuerdos que permiten ciertos despliegues militares para proteger recursos estratégicos.
En este contexto, la Oficina de Defensa de Dinamarca subraya que cualquier despliegue futuro estará sujeto a evaluaciones periódicas y a la necesidad de preservar la seguridad de Groenlandia sin deteriorar las relaciones con sus vecinos y aliados.