El presidente de Estados Unidos insinúa una intervención coordinada sobre Cuba en medio del embargo petrolero, mientras la isla enfrenta una batería de problemas económicos y ajustes en su política de energía.
En medio de una escalada de tensiones entre Estados Unidos y Cuba por el embargo energético, el presidente Donald Trump dejó entrever la posibilidad de una toma de control amistosa de la isla.
Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, poco antes de viajar a Texas para un mitin, el mandatario señaló que, en determinadas condiciones, Washington podría avanzar hacia una intervención que podría ser beneficiosa para los cubanos tanto en el exilio como dentro de la isla.
Aunque no prometió un paso definitivo, su comentario insinuó que la idea podría evaluarse tras años de fricciones y restricciones.
La conversación llega en un momento en que se agudizan las fricciones derivadas del bloqueo de crudo que aplica Estados Unidos a Cuba. Trump insistió en que la economía cubana carece de recursos como dinero, petróleo y comida, señalando que la nación caribeña enfrenta serios problemas que podrían requerir una respuesta internacional coordinada para aliviar a sus ciudadanos.
Supuestamente, la gestión de este tema recaería en un alto funcionario de política exterior, pero no hay confirmación oficial.
En la historia reciente, la relación entre ambos países ha sido una de las más complejas de la región: la crisis se ha profundizado a partir de décadas de sanciones y esfuerzos diplomáticos que no han dado frutos.
Presuntamente, a principios de año, una operación cubana en aguas cercanas a Venezuela terminó con la detención de varias embarcaciones, lo que provocó tensiones y pérdidas para algunos socios comerciales.
En paralelo, Estados Unidos respondió con medidas que endurecieron el costo del crudo importado de terceros países, lo que agravó la crisis económica y social en la isla, que ya enfrenta retos estructurales.
No obstante, el panorama dio un giro la semana pasada cuando el gobierno estadounidense decidió relajar, al menos en parte, el bloqueo petrolero que afectaba a Cuba.
Según las nuevas directrices, se autorizó la reexportación de crudo venezolano hacia la isla, siempre que se cumplan ciertas condiciones y a través del sector privado.
La medida fue recibida con expectativas mixtas por analistas y actores regionales, que advierten que cambios puntuales en la política energética no bastan para estabilizar la economía sin reformas sistémicas y sin un proceso de diálogo más amplio entre ambos países.
Supuestamente, estas dinámicas podrían servir para que Estados Unidos obtenga margen político en un momento de reacomodos regionales y para que Cuba intente reequilibrar su economía.
Algunos observadores señalan que la declaración de Trump podría formar parte de una estrategia para captar apoyo interno en contextos electorales, mientras otros recuerdan que, pese a estas señales, todavía no hay anuncios formales ni calendarios precisos.
En cualquier caso, lo que se discute es una relación que sigue evolucionando, condicionada por intereses energéticos, la historia de desencuentros y la influencia de actores regionales que buscan redefinir el tablero en medio de un siglo de tensiones.