El presidente de EE.UU. afirma que las negociaciones con Irán para un pacto de paz están en la recta final y que la firma podría ocurrir en unos días, condicionando la no proliferación nuclear y la apertura del estrecho de Ormuz. Análisis y contexto histórico para entender la importancia de este momento.
Washington — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a insistir este fin de semana en que las conversaciones con Irán para cerrar un pacto de paz que ponga fin al conflicto en Oriente Medio están en la recta final.
Según sus palabras, el acuerdo podría cerrarse en dos o tres días y sería "un muy, muy buen acuerdo" que no permitirá a Irán obtener armas nucleares y que, además, permitiría la apertura del estrecho de Ormuz, un paso clave para el petróleo mundial.
Trump aseguró que la firma está muy cerca y que no quedan puntos pendientes. También dijo que el plan incluiría verificaciones para evitar desvíos y un marco para seguir negociando sobre otros temas de seguridad en la región.
En su relato, se destaca que el objetivo no es permitir la proliferación sino poner fin a la confrontación de años.
El presidente afirmó que la vía militar sería peor para todos. "Si bombardeamos, ¿quién quiere eso? Yo no", sostuvo, señalando que bombardear no resolvería el problema y que, de ocurrir, el estrecho de Ormuz podría permanecer cerrado durante meses.
En cambio, dijo, un documento firmado sería mucho más firme que cualquier campaña de ataques.
Trump afirmó haber mantenido una "muy buena conversación" con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para abordar la situación. "Fue golpeado y respondió. No puedo culparlo por ello", comentó, en alusión a los ataques iniciales de Irán tras los anteriores bombardeos contra la capital libanesa, Beirut.
Según el presidente, ahora Irán e Israel habrían acordado hacer una pausa y dejar la tensión en silencio durante una semana, o algo parecido, para que la región respire.
La noticia se produce en un momento en que Irán e Israel se han enfrentado en una serie de intercambios desde el domingo pasado. Aunque Teherán niega que la principal meta sea la nuclear, Estados Unidos y varios aliados la consideran una línea roja que ha llevado a sanciones y a intentar acordar un marco distinto de seguridad regional.
Para entender el contexto histórico, vale recordar que en 2015 se firmó el acuerdo nuclear entre Irán y las potencias, conocido como JCPOA, que limitaba el programa atómico iraní a cambio de alivio de sanciones.
En 2018, Estados Unidos decidió retirarse y restableció las sanciones, lo que desencadenó un nuevo ciclo de tensiones. El estrecho de Ormuz, por el que pasa una gran parte del petróleo mundial, ya ha sido durante décadas objeto de choques y maniobras militares, por lo que su apertura es un factor estratégico clave en cualquier acuerdo de este tipo.
Si se llega a cerrar el pacto en los próximos días, podría marcar un punto de inflexión en la región y, a su vez, influir en la economía global, sobre todo en los precios del crudo.
Pero todavía queda mucho por ver: falta la firma final, los detalles de verificaciones y el calendario de implementación. En política exterior, como en la economía, la palabra final la tienen los hechos y la firma. Veremos si la recta final se mantiene o si surgen nuevos obstáculos en los próximos días.