Análisis sobre la amenaza de Trump de subir aranceles ante la sentencia del Tribunal Supremo que limitó sus gravámenes de emergencia y el posible impacto en acuerdos con la UE y otros socios.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a la carga este lunes al anunciar que podría subir los aranceles a países que decidan jugar con la sentencia del Tribunal Supremo que invalidó los gravámenes impuestos por su administración bajo poderes de emergencia.
La amenaza, descrita por el propio mandatario en Truth Social, representa un nuevo golpe a su ya cuestionada estrategia económica y podría tensar de nuevo algunos acuerdos comerciales bilaterales.
Supuestamente escribió en Truth Social: cualquier país que quiera jugar con esta ridícula decisión del Tribunal Supremo, especialmente aquellos que han estafado a EE.UU. durante años, incluso décadas, se enfrentará a un arancel mucho más alto, y a algo peor, que lo que aceptaron hace muy poco.
La decisión del Tribunal Supremo determina que el presidente excedió poderes de emergencia invocados para imponer gravámenes recíprocos basados en la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional (IEEPA) de 1977.
Esas medidas, consideradas por muchos analistas como una herramienta de choque, podrían verse afectadas si la corte mantiene ese límite, lo que abre un nuevo capítulo en una disputa que ya ha tenido repercusiones en la política exterior de Estados Unidos.
En este marco, la Administración ha dejado entrever la posibilidad de aplicar un arancel global, que inicialmente podría ubicarse en una cifra de dos dígitos, y que podría cambiar dependiendo de la respuesta de los socios comerciales y del marco legal vigente.
Los detalles de la propuesta, que algunos pueden ver como una salida de alto voltaje político, podrían afectar a aliados tradicionales y a grandes bloques como la Unión Europea y China.
En el ámbito internacional, la noticia coincidió con la decisión este lunes del Parlamento Europeo de paralizar la ratificación del acuerdo comercial que la Unión Europea y Estados Unidos firmaron el verano pasado, ante la incertidumbre generada por la sentencia del Supremo.
Este movimiento no solo retrasa una de las mayores negociaciones de los últimos años, sino que también reconfigura el mapa de incentivos para las próximas decisiones de ambos lados del Atlántico.
Entre los efectos fiscales y económicos que se barajan, algunos analistas señalan que, si se confirma la imposición de nuevos gravámenes, podrían producirse reembolsos significativos de gravámenes ya cobrados.
Supuestamente, la sentencia podría significar el reembolso de entre 161.000 y 221.000 millones de euros recaudados por los gravámenes recíprocos anunciados en los primeros meses de 2025, que oscilaban entre el 10% como base y hasta el 50% en ciertos sectores.
Este rango de cifras, todavía no verificado de forma oficial, alimenta un debate sobre las pérdidas fiscales y el coste político de la medida compensatoria.
Pekín, por su parte, señaló que está evaluando el contenido y el impacto del fallo de la Corte Suprema estadounidense y reiteró su oposición a las medidas unilaterales y al proteccionismo, a la vez que se multiplican las llamadas de atención para mantener un marco de cooperación más estable en un contexto de volatilidad comercial global.
Poco después de darse a conocer la decisión, analistas y responsables de política económica recordaron que estas tensiones se inscriben en una larga historia de fricciones comerciales entre Estados Unidos y sus socios.
Los expertos señalan que, aunque las políticas proteccionistas han cambiado de forma a lo largo de los años, la confrontación entre potencias y la defensa de intereses nacionales siguen marcando el pulso de los mercados y la confianza de inversores y consumidores.
En el corto plazo, la posibilidad de aranceles elevados, si se materializa, podría traducirse en encarecimiento de bienes importados, mayor presión inflacionaria en economías abiertas y una mayor incertidumbre para las cadenas de suministro globales.
Los mercados, naturalmente, reaccionarán a cada sinalagmática decisión de Washington, Bruselas y las grandes economías emergentes, con el tipo de cambio del euro frente al dólar como uno de los barómetros más observados.
A la espera de una claridad institucional y de un posible acuerdo que permita contener la escalada, la atención se centra en cómo las autoridades estadounidenses y las alleadas europeas concilian intereses industriales, redibijan pactos y, sobre todo, gestionan la confianza de una economía global que ya ha vivido episodios de alta volatilidad ante señales de proteccionismo.
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