Informe de planificación militar de EE. UU. sobre operaciones terrestres limitadas en Irán, con posibles objetivos en la Isla de Jark y el estrecho de Ormuz, acompañado de contexto histórico.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos está preparando lo que describen como semanas de operaciones terrestres en Irán, dentro de la operación Furia Epica.
Según funcionarios citados por The Washington Post, estas acciones no serían una invasión a gran escala, sino incursiones conjuntas de fuerzas especiales y tropas de infantería.
Estas acciones buscarían golpear objetivos clave del régimen, desbordar su capacidad de respuesta y presionar para que cambie de postura, sin asumir de entrada la ocupación de territorio.
Entre las posibilidades mencionadas están acciones en la isla de Jark, una de las zonas petroleras de Irán, y incursiones en zonas costeras cercanas al estrecho de Ormuz para neutralizar armas que puedan atacar buques comerciales y militares.
Las fuentes afirman que, incluso si se ejecutaran, serían operaciones puntuales y coordinadas con aliados, no una invasión tradicional de grandes dimensiones.
Estas informaciones llegan cuando transcurre un mes desde que Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva contra Irán que, por el momento, se limita a bombardeos desde el aire.
En este marco, la Casa Blanca ha mostrado cierta cautela y, al mismo tiempo, no descarta nuevas medidas. La portavoz Karoline Leavitt afirmó el 10 de marzo que el presidente Trump “no descarta opciones” en la guerra contra Irán, incluida la posibilidad de desplegar tropas en el país persa.
El Departamento de Defensa confirmó, además, que se podría enviar a Oriente Medio a elementos de una división aerotransportada y a una brigada de combate, movimientos cuyo rango podría situarse entre 1.000 y 2.000 militares según distintos reportes. Todo ello ocurre en un contexto ya conocido por la historia reciente: EE. UU. ha contemplado intervención en Irán en varias ocasiones, con fuerzas y capacidades distintas a lo largo de los años.
Para entender la magnitud de estas maniobras, conviene recordar que la historia de Estados Unidos y Irán incluye episodios que marcaron la relación durante décadas.
En 1953, un golpe de Estado ayudado por la CIA y el MI6 derrocó al primer ministro Mohammad Mossadegh, lo que dejó una huella profunda en la confianza entre ambos países.
En la década de 1980, Irán y Irak protagonizaron una larga guerra que afectó a la región y al comercio mundial de petróleo a través del Golfo Pérsico.
Más cerca en el tiempo, el acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) prometía frenar el programa atómico iraní a cambio de alivio de sanciones, pero la retirada de Estados Unidos en 2018 reabrió la espiral de tensiones y sanciones.
Los hechos actuales subrayan que el estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde transita una gran parte del petróleo global, sigue siendo un punto caliente de seguridad.
Cualquier acción en esa zona podría tener efectos sobre precios, suministro y rutas comerciales, además de provocar respuestas diplomáticas y militares de otros actores regionales.
En resumen, las autoridades estadounidenses dicen tener claro que no buscan una guerra convencional de ocupación, sino una presión sostenida para forzar cambios, con un coste y un riesgo que todos los actores deben valorar cuidadosamente.
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