El gobierno cubano deja claro que su modelo político no es negociable con Estados Unidos, pese a las afirmaciones de Trump. Hablan de acuerdos prácticos en seguridad y lucha contra el narcotráfico, manteniendo la soberanía por encima de todo.
El Ejecutivo cubano dejó claro este viernes que no hay escenario en el que se cambie su modelo político a gusto de Estados Unidos. En una rueda de prensa, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossio, aseguró que 'el sistema político de Cuba no es negociable' y que ni el cargo de presidente ni ningún funcionario están a la venta ni a discusión ante Washington.
Estas palabras llegan después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmara que tendría 'el honor' de 'tomar Cuba' si La Habana no accedía a un acuerdo favorable para Estados Unidos.
En la nota oficial de La Habana, se subrayó que pese a esa retórica, no se descartan 'acuerdos de interés mutuo' en áreas que no pongan en riesgo la soberanía cubana, citando como ejemplos posibles ámbitos de cooperación regional en seguridad y lucha contra el narcotráfico.
Fernández de Cossio añadió que la llamada agresividad de EEUU hacia Cuba —una relación que lleva casi setenta años con altibajos— provoca daños diarios a la población y a la economía; sin embargo, insistió en que Cuba no es enemiga de Estados Unidos ni amenaza para la nación norteña, y que su prioridad sigue siendo la defensa de la autonomía de la isla.
Para entender la noticia, conviene recordar que la relación entre Washington y La Habana se tensó tras el embargo de los años 60, el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles de 1962.
En los años recientes, bajo Obama, existió una apertura parcial que luego se invirtió con la Administración Trump, que endureció sanciones y restricciones.
La retórica de este viernes llega en un momento de nuevas discusiones sobre el papel de Estados Unidos en la región y sobre si ambos países pueden acordar algo práctico sin renunciar a principios.
En cualquier caso, el Gobierno cubano quiere dejar claro que su objetivo no es provocar enemistades, sino defender su soberanía y su modelo económico y político.
Para entender el marco, hay que saber que el embargo económico, vigente de forma intermitente desde los años 60, ha condicionado el acceso a mercados y tecnologías, influyendo en el costo de la vida cotidiana y en la disponibilidad de productos básicos.
En años recientes se han visto intentos de normalización que no se consolidaron, influidos por cambios en la política de Estados Unidos y por la propia dinámica interna cubana.
La noticia de este viernes recalca la posición de La Habana: soberanía primero, y diálogo práctico después, sin renunciar a la esencia de su sistema.
Para lectores con menos conocimiento de política internacional, la idea central es clara: Cuba no negocia su sistema, aunque esté dispuesta a conversar sobre temas que puedan facilitar la vida cotidiana de los cubanos y su seguridad.
En la práctica, eso significa que cualquier acuerdo con Estados Unidos se haría solo si beneficia a Cuba sin que ello signifique abandonar su identidad y su independencia.