Reporte en tono claro y directo sobre los progresos del equipo liderado por María Inés Barría en anticuerpos contra el hantavirus Andes, y las trabas financieras que frenaron su avance, con contexto histórico y actualidad.
Bloomberg publicó la historia de la científica chilena María Inés Barría y su equipo, que logró avances importantes en el desarrollo de anticuerpos contra el hantavirus Andes, pero el proyecto terminó paralizado por falta de financiación.\n\nLa investigación, iniciada en Chile hace más de una década, mostró resultados prometedores tanto en laboratorio como en pruebas con animales, al punto de haber considerado ensayos en humanos antes de que los recursos se agotaran.
En lenguaje claro: se avanzó mucho, pero no se pudo seguir cuando llegó la hora de dar el salto a las personas.\n\nEl momento clave ocurrió alrededor de 2016, en el laboratorio de inmunovirología de la Universidad de Concepción. Tras meses de trabajo, el equipo observó bajo el microscopio que desaparecía el brillo verde fluorescente que indica la presencia del virus. Los anticuerpos desarrollados parecían haber neutralizado el hantavirus. Barría recordó a Bloomberg esa señal como un giro alentador: “Estamos en el camino correcto. Tenemos que seguir”.\n\nEl avance no vino de la nada: la investigación reunió a científicos nacionales con colaboradores internacionales, entre ellos especialistas de los Rocky Mountain Laboratories de los National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos, el Instituto Robert Koch de Alemania y la empresa biotecnológica Ichor Biologics de Nueva York.
El equipo trabajó con muestras de sangre de sobrevivientes para entender cómo reaccionaba el sistema inmune ante el virus. En 2018, publicaron resultados que identificaron dos anticuerpos monoclonales capaces de neutralizar el hantavirus Andes. Más adelante, uno de ellos consiguió eliminar completamente la infección pulmonar en modelos animales. En 2021, uno de los tratamientos fue reconocido por la FDA de Estados Unidos con la categoría de “medicamento huérfano”, un sello que busca acelerar terapias para enfermedades poco frecuentes.\n\nPero ese impulso no pudo mantenerse. El siguiente paso, los ensayos en humanos, requería una inversión cercana a los siete millones de dólares. La irrupción de la pandemia de COVID-19 desvió recursos y dificultó la financiación de proyectos de alto riesgo como este. “El factor clave que impide seguir avanzando es el financiamiento y los recursos”, afirmó Barría a Bloomberg. Si llegara la financiación necesaria, podría tardar entre 12 y 24 meses en retomar el desarrollo a niveles previos.\n\nHoy, Barría continúa trabajando en la Universidad San Sebastián de Puerto Montt, centrando su investigación en la respuesta inmune de pacientes y la duración de los anticuerpos.
El interés internacional por el hantavirus Andes resurge ante brotes ocasionales, como el ocurrido en cruceros que puso la atención mundial sobre este virus.
Este episodio recuerda que existen virus que, aunque no estén en el punto de mira todo el tiempo, siguen ahí y pueden ser peligrosos.\n\nEn Chile, la incidencia de hantavirus se mantiene en cifras bajas pero relevantes. Según el Ministerio de Salud, se registraron 39 casos en 2026, con 13 fallecidos. La enfermedad suele empezar con síntomas similares a la gripe, como fiebre, cansancio y dolores musculares, pero puede evolucionar rápidamente hacia insuficiencia respiratoria si no se detecta a tiempo.
No hay vacuna ni tratamiento específico disponible para la población general, y el diagnóstico precoz mejora significativamente las probabilidades de supervivencia.\n\nLa historia de Barría subraya un dato práctico para la ciudadanía: el avance científico de alto nivel depende de una financiación estable y sostenida.
Sin fondos, incluso los hallazgos más prometedores pueden quedarse en el laboratorio, sin la oportunidad de convertirse en una solución real para pacientes.
En un mundo donde la inversión en salud y ciencia parece a veces estirar la cuerda, este caso ilustra la brecha entre descubrimiento y aplicación y la importancia de que las autoridades y el sector privado refuercen la apuesta por la investigación básica que puede cambiar la vida de las personas.\n