En la conmemoración del Día del Mar, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, atribuye a Chile la pérdida de la salida al océano y defiende puentes de integración frente a la construcción de zanjas en la frontera, mientras busca consolidar una relación más pragmática con Chile y los países limítrofes.

En la conmemoración del Día del Mar, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, lanzó una frase que resume décadas de desencuentros: 'Chile nos hizo daño', afirmó al señalar que la nación vecina privó a Bolivia de una salida al océano tras la Guerra del Pacífico.

El acto tuvo lugar en la base fluvial de Puerto Quijarro, y las palabras quedaron recogidas por el canal Unitel.

Paz recordó que aquella contienda entre Bolivia, Chile y otros factores dejó al país sin litoral y que, desde entonces, la demanda de recuperar el acceso al mar ha sido una constante en la política boliviana.

'Diga lo que se diga', añadió, 'el futuro es mejor, y nosotros nunca renunciaremos a buscar una salida al mar que permita a Bolivia desenvolverse sin depender de puertos ajenos'.

Su tono combinó esperanza con una advertencia de que este tema no debe quedar dormido entre papeles viejos.

Además, el presidente se refirió a la reciente decisión chilena de construir zanjas en sus fronteras para frenar la migración irregular. Con un mensaje directo, afirmó que Bolivia no se suma a esa estrategia: 'nosotros hacemos puentes de la integración', y sostuvo la idea de conectar a las cinco naciones que rodean Bolivia para avanzar en un marco de cooperación regional.

En su visión, la integración regional debe ser el eje, por encima de medidas que endurecen controles sin ofrecer soluciones reales.

Este discurso tiene eco en un contexto histórico y actual: dos semanas antes, Paz viajó a Chile para asistir a la ceremonia de cambio de mando en ese país, un gesto que muchos interpretaron como una señal de intención de recomponer las relaciones bilaterales tras años de tensiones.

En Puerto Quijarro, esas palabras buscan traducirse en acuerdos concretos que permitan avanzar en un marco de convivencia entre Bolivia y Chile, sin perder de vista el objetivo estratégico de la región: mejores condiciones para sus pueblos y un comercio más fluido.

Históricamente, la aspiración boliviana de un litoral ha sido un eje central de su política exterior y de su identidad nacional. La Guerra del Pacífico (1879-1884) dejó a Bolivia sin salida al mar y, con el Tratado de Paz y Amistad de 1904, Chile consolidó el dominio de la costa.

A pesar de las décadas, la cuestión marítima no ha desaparecido de la memoria ni de las promesas de los gobernantes de turno: para muchos bolivianos, la soberanía no se negocia, se reclama, y la relación con Chile debe enmarcarse en el respeto a la historia y a las oportunidades para las personas.

En Puerto Quijarro, las palabras del presidente Paz se enmarcaron en una jornada de homenaje al mar que, para muchos, también es una invitación a pensar en el futuro: más comercio, mejor conectividad y menos endurecimientos que alejen a la región de sus propias necesidades básicas.

Con este discurso, el mandatario dejó claro que Bolivia quiere mirar hacia adelante, sin olvidar el pasado, pero con la firme voluntad de construir un espacio de integración real entre cinco naciones que comparten un horizonte común.