Argelia y Austria firman un 3-3 en Kansas City que les garantiza avanzar a octavos del Mundial 2026, dejando a Irán fuera y dejando un cierre de grupo inolvidable.

En una noche de sábado que se recordará en Kansas City, Argelia y Austria se jugaron mucho más que un simple resultado: sabían que un empate les aseguraba el pase a los octavos de final y, aun así, salieron a buscar la victoria con todo.

El encuentro, correspondiente al Grupo J, terminó 3-3 y dejó a Irán eliminado, con un cierre de grupo que nadie imaginaba al inicio del partido.

El choque comenzó con un gol temprano de Austria, obra de Marko Arnautović, que aprovechó una jugada combinada para adelantarse en el marcador y encender las alarmas de la afición argelina.

Sin perder la compostura, Argelia respondió antes del descanso con un remate ajustado de Rabie Belghali que dejó las cosas parejas para la última parte.

La segunda mitad fue un carrusel de emociones: Austria volvió a ponerse por delante gracias a una acción entre Konrad Laimer y Marcel Sabitzer, que terminó en el remate preciso del mediocampista para hacer el 2-1.

Pero la reacción argelina no tardó en llegar. Riyad Mahrez igualó el choque con un remate cruzado tras un preciso centro de Houssem Aouar, y la contienda parecía encaminarse hacia un desenlace tranquilo... o no.

Con el reloj que marcaba los minutos finales, Mahrez apareció de nuevo para firmar su segundo tanto de la noche y poner a Argelia por delante, 3-2, en un momento en el que Austria parecía quedarse sin aire y sin opciones.

La magia, sin embargo, tenía reservada una última sorpresa: Sasa Kalajdzic cabeceó al fondo de la red, apenas segundos antes del final, para completar el 3-3 y dejar a ambos equipos con la posibilidad intacta de avanzar.

El técnico de Austria, Ralf Rangnick, explicó entre risas nerviosas que difícilmente había visto un partido con una vuelta tan cambiante en el tramo final, casi como si fuera una película de suspense.

«Si Alfred Hitchcock hubiera escrito una historia así de drama deportivo, diría que es demasiado loco para ser verdad», comentó, dejando entrever la impresión que dejó el desenlace.

El resultado devolvió a Austria la ilusión de seguir en la competición y a Argelia la confianza de haber superado una etapa histórica, ya que las dos selecciones avanzan de forma directa y se cruzarán en octavos: Austria se verá las caras con el campeón europeo, España, en Los Ángeles; Argelia, por su parte, se medirá a Suiza en Vancouver.

Más allá de la emoción del momento, el partido dejó una pequeña conexión con un capítulo poco grato de la historia del Mundial: la mención de la “Disgrace of Gijón” suele resonar cada vez que dos grandes protagonistas del fútbol europeo se juegan el pase a la siguiente ronda de forma tan discutida.

En esa línea, las aficiones argelina y austríaca dejaron claro que el fútbol puede escribir finales imprevisibles, pero también deja huellas históricas que se recuerdan años después.

Esta clasificación, además, evita que Irán prolongue su presencia y suma a un Mundial ya de por sí loco con una igualdad que parece imposible de pronosticar en cualquier momento.

En resumen, fue una noche para el recuerdo: un 3-3 lleno de giros, lágrimas de alegría y el tipo de drama que solo el fútbol sabe regalar cuando el reloj ya se está acercando a su último suspiro.