Reportaje sobre la conmemoración del centenario del funicular de Larreineta (1926-2026), su evolución de industria minera a transporte público sostenible, la emisión de un sello de Correos y las acciones culturales para acercar su historia a la ciudadanía.

En Euskadi, el centenario del funicular de Larreineta se celebra este 2026 con una mezcla de recuerdos, reconocimiento público y acciones que miran al futuro.

Este medio de transporte, conocido como Larreineta o Larreinetako Funikularra, nació para transformar la vida de una comarca minera y, cien años después, continúa siendo un eje de movilidad y de identidad regional.

Inaugurado el 24 de septiembre de 1926, el funicular une dos puntos clave de la zona: Larreineta, en la parte alta, y La Escontrilla, la estación inferior.

Su recorrido de 1.179 metros con un desnivel de 342 metros y rampas que pueden alcanzar el 36% no es un simple trayecto: fue una apuesta tecnológica que conectó a una población aislada y que, además, permitió el traslado seguro de mercancías y, sobre todo, de personas.

Este hito ha recibido desde 2014 la declaración de Bien de Interés Cultural, reconocimiento que subraya su valor como muestra del patrimonio industrial vasco y de un pasado minero que marcó el desarrollo económico y social de la comarca.

Con el paso del tiempo, el uso del funicular ha evolucionado: de servir principalmente a los mineros y al transporte de mineral, ahora mantiene su función de transporte público sostenible gestionado por Euskotren, adaptándose a un entorno descarbonizado y a las demandas de vecinos y visitantes.

En la actualidad, la línea acorta distancias y facilita el acceso a una zona verde con amplios espacios de ocio y esparcimiento, sin perder la memoria de su origen.

La conmemoración del centenario ha contado con un acto central en la estación superior de Larreineta, donde se celebró el homenaje al medio de transporte y se realizó el matasellado de honor de un nuevo sello personalizado, resultado de una colaboración entre Movilidad Sostenible y Correos.

En el evento estuvieron presentes la consejera de Infraestructuras y Movilidad Sostenible, Susana García Chueca; la directora de Filatelia y Relaciones Institucionales de Correos, Nuria Lera Hervás; el alcalde de Trapagaran, Miguel Ángel Gómez Viar; el viceconsejero de Infraestructuras y Movilidad Sostenible, Miguel Ángel Páez; el director de Euskotren, Javier Seoane; y el director del Museo Vasco del Ferrocarril, Juanjo Olaizola.

Después, la comitiva se desplazó a La Escontrilla, donde se inauguró una exposición permanente con fotografías históricas que muestran la evolución del transporte y su impacto en la vida diaria de la zona.

El sello, que lleva por motivo el Funicular de Larreineta/Larreinetako Funikularra 1926-2026, reproduce una imagen histórica en blanco y negro que captura una escena de la época: un autobús y varios viajeros dentro de la cabina, con una persona sobre el techo mirándose a la cámara.

Este diseño no solo celebra la singularidad del funicular, sino que pone de manifiesto la versatilidad de un sistema que, a lo largo de los años, se ha adaptado a las necesidades de su comunidad.

Además, el sello destaca que Larreineta fue concebido para transportar personas y mercancías y que, con un sistema de grúas único, permitía retirar las cabinas de viajeros para liberar la plataforma y subir vehículos de todo tipo.

Es, por tanto, una pieza de filatelia que convierte la memoria en testimonio tangible para la ciudad.

La mayor parte de los viajeros de la época pasaban por una carretera que tardaba cerca de una hora y media para enlazar con el centro del municipio.

El funicular, con su plataforma horizontal y su configuración de vías anchas, supuso una solución audaz para la conectividad de la zona, que hoy sigue consolidando un modelo de movilidad más eficiente y respetuoso con el entorno.

En esos años, la longitud y la capacidad de la infraestructura eran una respuesta directa a las necesidades de una población minera que exigía avances para vivir y trabajar en condiciones más seguras y conectadas.

En la actualidad, la instalación se mantiene como un ejemplo vivo de patrimonio industrial y de progreso técnico.

Además de la emisión filatélica, el centenario traerá una batería de iniciativas culturales a lo largo de 2026. Entre ellas se cuenta la edición de un libro ilustrado coordinado por el Museo Vasco del Ferrocarril, con ilustraciones de Amaia Ballesteros, que narra la historia visual del funicular; también se planifica la publicación de un cómic para públicos jóvenes y sesiones de charlas divulgativas para ampliar el conocimiento sobre el patrimonio ferroviario.

Se organizarán visitas guiadas para centros escolares y muestras que, además de su valor histórico, buscan acercar a las nuevas generaciones el papel del ferrocarril en el desarrollo regional.

En cuanto a la parte técnica de las celebraciones, se ha destacado la modernización de las cabinas. Durante una fase de reformas, las obras se planificaron para evitar la interrupción total del servicio: la primera cabina se retiró para ser reparada y, para mantener la operación, Euskotren instaló un contenedor marítimo modificado como puesto de control temporal, con lunas frontales y la infraestructura necesaria para supervisar el trayecto.

Este recurso, que no transporta pasajeros, permitió que el funicular siguiera funcionando con una sola cabina y con horarios ajustados durante las obras, una solución ingeniosa que reflejó el compromiso de mantener el servicio público sin sacrificar la seguridad.

En el plano técnico, el recorrido de 1.179 metros con un desnivel de 342 metros y pendientes que pueden superar el 36% explican por qué el Larreineta se considera una pieza única dentro del ferrocarril de montaña europeo.

El ancho de vía de 1.200 milímetros, una decisión de diseño para la época, proporcionaba mayor estabilidad frente a las rachas de viento y a las variaciones climáticas, y permitió sostener la operación a lo largo de generaciones.

Este conjunto de características, unido al hecho de que gran parte de sus instalaciones se conservan desde 1926, explica por qué la continuidad del servicio se percibe como una continuidad histórica más que como una simple cuestión de transporte.

Con este centenario, Euskadi reafirma su compromiso con una movilidad más limpia y con la difusión de su memoria industrial. El proyecto de celebrar este siglo de vida del Larreineta se enmarca, además, en la visión de un territorio que busca mostrar su patrimonio como valor cultural y turístico, al tiempo que refuerza el reconocimiento de estas infraestructuras como parte esencial de la identidad vasca.

El sello de Correos y las diversas actividades culturales previstas para 2026 buscan, en última instancia, acercar la historia del funicular a la ciudadanía, desde las aulas hasta las calles, para que el legado de Larreineta siga vivo en la memoria colectiva de la región y en las futuras generaciones de lectores, visitantes y residentes.