La reconocida investigadora Gloria Totoricaguena recibe el Premio Manuel Lekuona 2025 por su labor sobre la diáspora vasca y el impulso de una Euskadi Global que conecte comunidades, culturas y lenguas en todo el mundo.

En la Casa de Cultura de Gernika-Lumo se ha celebrado esta tarde la entrega del Premio Manuel Lekuona 2025, otorgado por Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos, a Gloria Totoricagüena, doctora en Ciencias Políticas y una de las principales especialistas internacionales en el estudio de la diáspora vasca.

La ceremonia ha contado con la presencia de figuras destacadas como el Lehendakari Imanol Pradales, la presidenta de Eusko Ikaskuntza Ana Urkiza, el alcalde de Gernika-Lumo José María Gorroño y la directora general de Etxepare Euskal Institutua Irene Larraza Aizpurua.

Durante el acto, se ha puesto en valor la trayectoria académica y divulgativa de Totoricagüena, cuya labor investigadora ha contribuido a profundizar en el conocimiento de las comunidades vascas repartidas por el mundo y a reforzar la proyección internacional de la cultura y la identidad de Euskadi.

En su intervención, el Lehendakari destacó que nuestra diáspora ha mostrado una capacidad extraordinaria para adaptarse a realidades diversas, para construir comunidad y para mantener viva su identidad colectiva en distintos rincones del planeta.

Explicó que, en momentos decisivos de nuestra historia, la diáspora estuvo a la altura, contribuyendo a que el país pudiera resistir y mantener una voz propia en el ámbito internacional durante la guerra y la dictadura.

También subrayó que la diáspora ha sido clave para tejer vínculos económicos, científicos, formativos y culturales que han favorecido nuestro desarrollo y prosperidad en épocas de bonanza.

En este marco, el trabajo de Gloria amplía y renueva el concepto de diáspora, proyectándolo hacia nuevos ámbitos y generaciones.

Por su parte, Ana Urkiza definió a la premiada como una de las principales difusoras internacionales de la cultura vasca y elogió su compromiso con la diplomacia cultural y con el estudio de la diáspora como elemento fundamental para la construcción de la identidad colectiva vasca.

Destacó asimismo sus investigaciones sobre las Euskal Etxeak y los lazos que mantienen las comunidades vascas en distintos países con Euskadi.

Tras recibir la escultura de Remigio Mendiburu que acredita el galardón, Gloria Totoricagüena agradeció el reconocimiento y lo compartió con todas las personas que han participado en sus proyectos a lo largo de las últimas décadas.

Recordó sus primeros pasos en la Euskal Etxea de Boise y su posterior colaboración con instituciones, universidades y distintos gobiernos vascos en el impulso de estudios sobre la diáspora e identidad vasca.

La premiada reivindicó el valor de la denominada “Euskadi Global”, entendida como la red internacional formada por comunidades vascas y personas vinculadas a Euskadi en distintos países.

Subrayó la necesidad de fortalecer la capacidad de acción colectiva de esta comunidad global para impulsar proyectos culturales, académicos y sociales que contribuyan a reforzar la presencia internacional de Euskadi.

El acto concluyó con la interpretación del coro Gure Arbola Zaharra, que interpretó la emblemática Gernikako Arbola, de José María Iparragirre.

Además de la ceremonia, es relevante situar este acto dentro de un contexto histórico más amplio. La diáspora vasca tiene profundas raíces que se remontan a siglos pasados, con migraciones que impulsaron la creación de Euskal Etxeak en ciudades de América y Europa.

En Estados Unidos, por ejemplo, comunidades vascas se asentaron en zonas mineras y urbanas, dando lugar a redes culturales y educativas que aún hoy sostienen la identidad vasca fuera de Euskadi.

En este marco, Boise, Idaho, destaca como uno de los ejemplos históricos más conocidos de Euskal Etxea, símbolo de una diáspora que mantiene lazos activos con el País Vasco.

La idea de Euskadi Global encaja con esa tradición de redes: comunidades dispersas que se organizan para conservar la lengua, la cultura y los lazos con Euskadi, a la vez que generan puentes para la colaboración académica, científica y cultural.

Este premio no solo reconoce una trayectoria personal, sino que también fortalece el relato de una diáspora activa, que mira hacia el futuro sin perder de vista sus raíces.