El Gobierno Vasco inicia la demolición del viaducto y la antigua estación del tren en Pasaia, liberando espacio urbano y mejorando la calidad de vida tras la apertura de la nueva estación soterrada.

El pasado sábado entró en funcionamiento la nueva estación soterrada del Topo en Pasaia, y como quien dice, al día siguiente ya empezaron a desmontar el viejo viaducto y la estación antigua.

Sí, así de rápido. El Departamento de Movilidad Sostenible del Gobierno Vasco, a través de Euskal Trenbide Sarea (ETS), ha comenzado a desmantelar esa mole de hormigón que durante décadas ha partido en dos el barrio de Pasai Antxo.

La consejera Susana García Chueca visitó la zona y lo confirmó: esta misma semana se licitará la obra de demolición de un viaducto de 386 metros de largo que, literalmente, pasaba a escasos metros de algunas viviendas.

La actuación no es ninguna broma. Hay que retirar primero el cableado de la catenaria, luego las vías y el resto de instalaciones ferroviarias. Pero lo más delicado viene después: derribar el viaducto sin dañar las casas de alrededor. Por eso, en las zonas más críticas, se montará una estructura tubular con un sistema de captación de polvo, para que los vecinos no tengan que tragarse todo el escombro.

Todo el proceso, desde que se adjudique la demolición, durará unos 12 meses. Y ojo, no se tirará todo: se mantendrán los elementos estructurales que aseguren la estabilidad de los edificios cercanos, y la doble arcada sobre el río Molinao se quedará como vestigio histórico.

La consejera recordó que con esto se cumple la palabra dada por su antecesor, Iñaki Arriola, y la entonces alcaldesa de Pasaia, Izaskun Gómez. Una promesa que, ahora sí, se hace realidad. Y no es para menos: con la demolición se eliminará una barrera urbanística que ha separado el barrio durante demasiados años. Se liberarán 2.800 metros cuadrados de suelo que ahora podrán ser utilizados por la ciudadanía. ¿El qué se hará exactamente? Eso lo decidirá el Ayuntamiento de Pasaia, que es el propietario de los terrenos. Pero, desde luego, la calidad de vida de los vecinos de Pasai Antxo mejorará sustancialmente.

Para que te hagas una idea, el viaducto del Topo se construyó en los años 60, cuando el tren era el principal medio de transporte entre Donostia y la frontera.

Con el tiempo, la línea se modernizó, pero la infraestructura se quedó obsoleta. Durante años, los vecinos reclamaron su eliminación, especialmente después de que en 2016 se anunciara la variante Altza-Galtzaraborda para soterrar la vía.

Ahora, con la nueva estación subterránea ya en marcha, el desmontaje del viaducto es el paso definitivo.

La nueva estación soterrada ya ha demostrado su utilidad: solo el sábado y el domingo se registraron más de 6.200 viajes. Una prueba de que la movilidad en la comarca necesita infraestructuras modernas y bien integradas. Mientras tanto, ETS ya ha empezado a desmontar todo lo que se pueda reutilizar del edificio de la antigua estación, y antes de derribar, hará una inspección minuciosa de los edificios colindantes para evitar cualquier susto.

En definitiva, Pasaia se quita de encima una cicatriz urbanística que durante años ha condicionado la vida del barrio. Ahora toca esperar a que el Ayuntamiento decida qué hacer con ese espacio liberado. ¿Una plaza, un parque, un paseo? Lo que sea, será mejor que un viaducto oxidado a dos pasos de las ventanas. La regeneración urbana sigue avanzando, y esta es una buena noticia para todos.

El proceso de demolición es complejo, pero necesario. Como dijo la consejera: "dada la proximidad de las viviendas, los trabajos son más complejos de lo que pueda parecer. No se puede proceder a la demolición como si fuera una infraestructura exenta". Por eso se tomarán todas las precauciones para minimizar las molestias. Y una vez que todo esté listo, el Ayuntamiento tendrá la última palabra sobre el futuro de estos 2.800 metros cuadrados que, al fin, vuelven a ser de todos.