La delegación vasca de pelota mano disputó el Mundial en Mendoza, México? Argentina. 22 deportistas y un equipo técnico demostraron versatilidad en cuatro modalidades, logrando oro, plata y bronce en una puesta en escena que combina deporte y cultura vasca.

La selección vasca de Pelota Mano viajó a Mendoza, Argentina, para competir en el Campeonato Mundial organizado por la Confederación Internacional de Pelota Mano, la CIJB.

En una semana de competición, Euskadi llevó una delegación formada por 22 deportistas y un equipo técnico, dentro de un total de 31 personas entre jugadores, cuerpo técnico y representantes de la Federación.

Este viaje fue mucho más que un viaje deportivo: fue una oportunidad para mostrar la fuerza de la pelota vasca y su arraigo en la diáspora, al tiempo que se abrían puertas para intercambiar experiencias con la comunidad vasca en el extranjero.

En el Mundial se disputaron pruebas en cuatro modalidades para hombres y para mujeres: One Wall, Llargues, 4 Paredes y Juego Internacional. Esta diversidad de formatos es una muestra de la amplitud de la disciplina, que acompaña a cada jugador según su perfil y la pista disponible. Durante la semana, la selección vasca disputó 50 partidos y consiguió meterse en 7 finales, un indicador claro de que el alto nivel competitivo está presente en Euskadi y que la cantera, así como las jugadoras y los jugadores adultos, trabajan con rigor y constancia para rendir al máximo en cualquier escenario.

El balance final fue espectacular: 8 podios en total, con 4 medallas de oro, 3 de plata y 1 de bronce. Un resultado que refleja no solo talento individual, sino también el esfuerzo colectivo de un equipo que entrena para superarse día a día, con la vista puesta en cada detalle: técnica, táctica, preparación física y la capacidad de adaptarse a distintos tipos de pista y ritmos de juego.

La expedición vasca contó con una nómina de jugadoras destacadas: Olatz Arrizabalaga, Itxaso Erasun, Amaia Alday, Ainhoa Ruiz de Infante, Miren Larrarte, Nora Mendizabal, Naroa Agirre, Madalen Etxegarai, Enara Gaminde, Onintza Galdos y Alize Sagardui; y con jugadores como Pantxoa Valencia, Egoitz Amantegi, Mikel Beldarrain, Kepa Albizu, Gaizka Iruretagoiena, Mikel Aurrekoetxea, Lur Ziarrusta, Lier Arrien, Aner Iglesias, Ibai Arroitajauregi y Manex Etxeberri.

El cuerpo técnico estuvo encabezado por Iñaki Esnal, Ibai Erauzkin, Patri Espinar y Eneko Uribe, con el fisioterapeuta Ander Aranzabal.

Más allá de los resultados, esta experiencia también permitió que las y los jóvenes pelotaris conocieran Denak Bat, la euskal etxea de Mendoza, compartieran con la comunidad vasca local y descubrieran rincones de la tierra del vino argentino.

La presencia institucional fue notable: la Delegada de Euskadi en Argentina y Uruguay, Sara Pagola; la Directora para la Comunidad Vasca en el Exterior, Ziortza Olano; y el Director de Acción Exterior y Organismos Multilaterales, Asier Areitio, acompañaron al equipo en el marco de un proyecto que une deporte, cultura y relación con la diáspora.

En las jornadas previas y posteriores a la competición, el presidente de la Federación de Pelota Vasca de Euskadi, Joxe Mari Mitxelena, ofreció una conferencia sobre el origen de la pelota vasca en la sede de la euskal etxea, ante un público mendocino que recibió la charla con interés, curiosidad y entusiasmo.

Este tipo de actos no solo refuerzan el conocimiento histórico de un deporte centenario, sino que también fortalecen los lazos entre Euskadi y sus comunidades en el extranjero.

La participación vasca en Mendoza se enmarca en una tradición de apoyo institucional al deporte y de promoción de la cultura vasca fuera de Euskadi.

Más allá de la victoria, lo que queda es la sensación de que la pelota vasca es capaz de unir a personas de diferentes lugares, compartir valores de esfuerzo y convivencia y dejar una huella positiva en cada país que recibe a la selección.

En definitiva, la expedición dejó claro que la pelota vasca no es solo un juego: es una forma de vida que viaja, crece y se transmite de generación en generación, acompañada de la red de euskal etxeak y de la memoria de un pueblo que sabe celebrar sus triunfos sin perder su identidad.