La Administración vasca valora las cooperativas como motor de empleo de calidad, arraigo y cohesión, al tiempo que impulsa el segundo Plan Interinstitucional de Economía Social para ganar peso en sectores estratégicos.
En Euskadi, el Vicelehendakari Mikel Torres y el consejero de Economía, Trabajo y Empleo explicaron que las cooperativas se han convertido en un motor de empleo de calidad, en un factor de arraigo en el territorio y en una apuesta por una visión a largo plazo.
Durante la apertura de la Asamblea General de Konfekoop en Donostia, señalaron que el cooperativismo no es solo una fórmula empresarial que funciona, sino una forma distinta de entender la economía: cooperar para crecer, no solo competir para obtener beneficios inmediatos.
En un contexto en el que a veces se vende la idea de que solo existe un camino de crecimiento, con competencia extrema y beneficio inmediato, el movimiento cooperativo demuestra que es posible avanzar de un modo sostenible y con más humanidad.
El Vicelehendakari subrayó que el cooperativismo vasco ya da resultados: empleo estable, arraigo en el territorio y una actitud de largo plazo, con la empresa vista como un proyecto colectivo y el crecimiento que convive con la cohesión social.
Se afirmó que Euskadi sabe responder mejor cuando actúa desde la colaboración, y que la economía social no es un complemento sino una pieza central para afrontar retos como la transición energética, la digitalización, el envejecimiento de la población, la atracción de talento, y la cohesión social.
El objetivo es que la economía social gane peso y presencia en sectores estratégicos, de modo que contribuya a transformar la economía y las políticas públicas.
El balance de Konfekoop para 2025, presentado por la federación, dibuja un sector en plena expansión: 1.432 cooperativas, 41 más que el año anterior, con más de 63.000 empleos directos y cerca de 1,6 millones de personas socias. Estas cifras no son solo números: representan familias, proyectos empresariales, arraigo en el territorio, estabilidad y oportunidades para muchas personas.
El consejero también valoró el papel de las cooperativas en la reindustrialización de Euskadi y su contribución a la autonomía industrial estratégica.
Además, cada vez hay más presencia en espacios de decisión, como el Consejo Vasco de Industria, gracias a una labor de interlocución institucional que es intensa y continua.
Al cierre, el Vicelehendakari afirmó que la fuerza del trabajo colectivo, cuando está enraizada al territorio y comprometida con las personas, es una de las mayores fortalezas del país.
Detrás de este movimiento hay una tradición profunda. Euskadi ha ido construyendo su peculiar camino de economía social desde hace décadas, con la huella de Mondragón, una cooperativa nacida en 1956 y que marcó un camino de progreso que combina desarrollo económico con responsabilidad social.
Esa herencia inspira hoy políticas y planes, y se plasma en la cooperación entre instituciones y en la convicción de que la economía social puede liderar cambios en sectores clave.
Con este marco, el segundo Plan Interinstitucional de Economía Social se propone reforzar esa idea: aumentar el peso, la capacidad de transformación y la presencia en sectores estratégicos para que la economía social ayude a afrontar retos como la transición energética, la digitalización, el envejecimiento de la población y la atracción de talento; en definitiva, para que Euskadi siga avanzando con un modelo económico más justo, inclusivo y sólido.