Una pareja de California y millones de estadounidenses priorizan los viajes frente a bodas caras, ajustando gastos, buscando ingresos extra y usando opciones de pago diferido para no perder sus vacaciones ante la subida de combustible y billetes.

Para muchos estadounidenses, las vacaciones siguen en el horizonte, pero la cuenta que llega al final del mes ya no es la misma de antes. Una mujer de California, Kathleen Nguyen, y su prometido se han marcado una regla clara: prefieren invertir en viajes que en una boda grande y cara. Mientras aumenta el coste de los billetes de avión y de la gasolina, ellos han decidido recortar otros gastos y buscar formas de hacer más rentable cada viaje.

No son casos aislados: cada vez son más las personas que, en vez de gastar en una celebración monumental, destinan el dinero a experiencias y recuerdos que durarán años.

La tendencia llega acompañada de estudios que pintan un cuadro claro. Una encuesta de LendingTree entre 2.000 estadounidenses reveló que el 75% reconoce que los precios del combustible y de los billetes están afectando sus planes de viaje, y un 84% muestra preocupación por «poder permitirse su viaje soñado».

Aun así, el 40% afirma que viajará este año, aunque sea reduciendo de otros extremos. En la práctica, muchos viajeros priorizan la experiencia sobre el gasto superfluo, buscando opciones más eficientes para disfrutar sin perderse las metas anuales.

El razonamiento es simple para Nguyen: si hay que recortar, que sea en caprichos y compras pequeñas, no en la oportunidad de conocer nuevos lugares.

Por otro lado, un estudio de PayPal realizado con Edelman Data & Intelligence en mayo de 2026 aporta otro ángulo. Entre 2.001 adultos estadounidenses, casi un 78% aseguraron que aun con precios altos seguirán viajando en 2026, y un 66% declaró que está dispuesto a hacer un sacrificio para llegar a su viaje soñado.

Los responsables de PayPal señalan que muchos consumidores ven el viaje como una inversión en experiencias, bienestar y conexiones, y añaden que plataformas como Buy Now, Pay Later facilitan pagar esas experiencias de forma más flexible.

En ese marco, no se trata de gastar más, sino de gastar mejor, repartiendo el costo a lo largo del tiempo y eligiendo destinos y fechas con mayor valor percibido.

Para financiar esos planes, muchos viajeros buscan recortes en su día a día. En la misma encuesta, el 40% dijo que reduciría las comidas fuera de casa, el 36% que abandonaría salidas nocturnas con amigos, el 35% que dejaría de comprar cosas innecesarias, el 31% que reduciría el uso de aplicaciones que consumen datos y el 30% que dejaría el gimnasio temporalmente.

En conjunto, se trata de pequeños ajustes que permiten mantener la aspiración de un viaje sin que golpeen de forma injustificada los gastos fijos. Y no todo es ahorro: una tercera parte de los jóvenes de la Generación Z está tomando más trabajo para financiar sus salidas, lo que señala que, para muchos, el viaje también se financia con esfuerzo adicional.

La nostalgia y la realidad también cuentan. Nguyen explica que, aunque su agenda de viaje ahora es más flexible y requiere más investigación, la prioridad de viajar se mantiene año tras año.

Sus destinos soñados para este periodo incluyen San Diego, Nueva York, Hawái y Vancouver, y en la lista aparecen Costa Rica y Vietnam, países que combinan experiencias culinarias y culturales con costes relativos más manejables.

Es una muestra de cómo, ante un entorno inflacionista, muchos buscan optimizar cada euro para que la visita al destino deseado siga siendo posible.

Históricamente, el viaje de ocio ha evolucionado con los cambios en transporte y tecnología. En las dos últimas décadas, la expansión de aerolíneas de bajo costo y la proliferación de herramientas digitales facilitaron planificar y reservar escapadas cortas a precios razonables.

Después de la pandemia, la demanda de experiencias siguió creciendo, aunque hoy se enfrenta a subidas de precios y a un entorno económico más desafiante.

En ese contexto, la clave para muchos está en priorizar, planificar con antelación y aprovechar opciones de pago o financiación que permitan estirar el presupuesto sin eliminar las vacaciones.

En resumen, la estrategia de muchos hogares estadounidenses ante el encarecimiento de viajar es clara: no renunciar a las vacaciones, sino reducir gastos corrientes, buscar ingresos extra y valorar cada gasto en función de cuánto aporta a la experiencia.

Viajar continúa siendo visto como una inversión en recuerdos, relaciones y bienestar, y cada vez más personas encuentran la forma de que esa inversión sea sostenible en el tiempo.