La fecha límite para un tope del 10% en intereses de tarjetas de crédito ya expiró, y muchos comercios evalúan cambios en recargos y costos operativos.

El plazo para el tope propuesto sobre los intereses de las tarjetas de crédito ha vencido y, aunque algunos analistas señalan que podría enfrentarse a obstáculos legales, las repercusiones ya empiezan a hacerse visibles en las cuentas de los comercios.

Según observadores del sector, un número creciente de negocios está ajustando sus políticas de cobro para compensar los costos de procesamiento, y muchos ya han comenzado a aplicar recargos por pago con tarjeta.

En un repaso a experiencias similares, se ha reportado que aproximadamente un tercio de los comercios consultados ha añadido un cargo adicional cuando se paga con tarjeta, mientras que el porcentaje que continúa aceptando pagos en efectivo ha ido descendiendo ligeramente.

En Erie, un ejemplo concreto ilustra el fenómeno. Un propietario de bar/cervecería explicó que tuvo que valorar entre subir precios o añadir un recargo a los pagos con tarjeta. En su caso, optó por el recargo: un incremento de 1,75% más 0,18€ por transacción. Este esquema convierte, por ejemplo, una factura típica de unos 26,68€ en una cantidad ligeramente superior para el cliente que paga con tarjeta.

Los datos de la industria apuntan a que el 35% de los negocios ya aplica recargos por tarjetas, frente a un 96% que siguen aceptando tarjetas en alguna medida.

El objetivo declarado de estas prácticas es aliviar los costos de procesamiento, que siguen aumentando para comercios de todos los tamaños. En palabras de Gus Pine, director ejecutivo de Erie Events, la contabilidad diaria y la gestión de efectivo se han simplificado en la medida en que se reduce la necesidad de manejar grandes volúmenes de billetes en taquillas; supuestamente, la reducción de personal para contar dinero podría traducirse en ahorros operativos, aunque no siempre se refleja en los precios finales para el consumidor.

La experiencia de Lavery Brewing Co. ilustra otro ángulo: el dueño indicó que, a pesar de la disminución de tiempos de espera y mayor eficiencia, el recargo no ha generado quejas significativas entre los clientes.

En números, se reportó que el gasto medio por compra ronda los 26,68€ (equivalente a 29$ con tipo de cambio aproximado de 0,92€ por 1$, que es una tasa de referencia reciente); si se aplica el recargo de 0,80€ por transacción, el importe final para la operación se eleva de forma discreta, pero perceptible para quienes pagan con tarjeta.

En el conjunto, las cifras podrían parecer modestas, pero para miles de pequeños comercios la suma de estos cargos representa un cambio notable en la experiencia de pago.

Los costos totales de procesamiento de tarjetas pueden haber alcanzado cifras anuales elevadas; en el caso citado de 2025, el gasto agregado de comisiones de tarjetas podría haber rozado los 36.800€ en convertibilidad aproximada frente al dólar. Aunque estas cifras deben tomarse con cautela, reflejan una tendencia que podría endurecerse si las reglas sobre apalancamiento de intereses quedan desprotegidas por litigios o cambios regulatorios.

Por ahora, la adopción de políticas de pago sin efectivo continúa siendo objeto de debate: algunos empresarios sostienen que ir hacia un esquema más cashless reduce costos y mejora la fluidez de servicio, mientras otros advierten que penalizar a quienes pagan en efectivo podría alienar a clientes habituales.

En cualquier caso, la discusión sobre recargos y límites a los intereses de las tarjetas de crédito parece destinada a mantenerse en el centro del debate económico, con posibles efectos directos tanto en la experiencia de compra como en los presupuestos de los hogares a futuro.

presuntamente, la legislación y la jurisprudencia jugarán un papel decisivo al definir si estas medidas se consolidan o se debaten de nuevo en los próximos meses.