Una encuesta muestra que, pese a tener seguro, la mayoría de estadounidenses teme una factura hospitalaria descontrolada y que el coste de la atención sigue presionando a las familias.
Muchos se sorprenden de que el seguro cubra la mayoría de gastos, pero esa cobertura tiene grietas que pueden dejar a las familias al borde. Según una encuesta realizada por la firma financiera JG Wentworth, entre 1.507 estadounidenses encuestados en febrero, casi todos dicen tener algún tipo de seguro (97%), pero un abrumador 94,7% sigue temiendo las facturas de hospital.
El mensaje es claro: incluso con seguro, la factura podría ser el detonante de un problema económico para muchos hogares.
El estudio sitúa el umbral de alarma en una factura de 4.354 dólares: esa cantidad, dicen, sería suficiente para hacer peligrar el pago de gastos básicos como vivienda, comida o transporte. Para situarlo en contexto, el coste medio de pasar una noche en el hospital fue de unos 3.297 dólares en 2024, y la estancia media ronda 5,8 días, según la Kaiser Family Foundation (KFF).
La deuda médica es otro gran capítulo. En total, se estima que alcanza los 220.000 millones de dólares. El 85,1% de los encuestados ya tiene deuda médica, y el 81,3% debe entre 1.000 y 10.000 dólares. Aun con seguro, la idea de que la atención es asequible se desdibuja cuando se mira el detalle de los gastos y los deducibles. Una portavoz de JG Wentworth señaló por correo electrónico que, si bien el seguro reduce costos, no los elimina por completo: hay deducibles que se acumulan y cargos fuera de la red que pueden sorprender a muchos.
Otra realidad es la brecha de cobertura. Cerca de una cuarta parte de la población (23%) se considera subasegurada, es decir, tiene un seguro que no cubre suficientemente los gastos cuando ocurren emergencias o tratamientos complejos.
En la encuesta, solo el 12,4% de los asegurados se mostraron muy confiados de que su seguro evitaría un daño económico serio ante un problema de salud grave.
Además, el 92% admite haber retrasado o evitado atención médica por culpa del coste.
Entre las personas con condiciones crónicas, casi una de cada tres (31,8%) afirma que su estado ha empeorado porque no pudieron permitirse la medicación.
Y una gran mayoría (cerca del 96%) tuvo que elegir entre medicación y necesidades básicas como la alimentación.
¿Cuánto tiempo puede durar esa deuda? Solo el 6,7% cree que podrá liquidarla en un año. Alrededor del 90% piensa que tardará entre uno y tres años, un 2,9% espera más de tres años y un mínimo 0,9% no cree que pueda pagarlas nunca. La deuda médica es, según distintos estudios, la razón principal de bancarrotas personales, representando aproximadamente dos tercios de los casos anuales analizados en una investigación de 2019 publicada en la American Journal of Public Health.
¿Y qué hacer para gestionar mejor estos gastos? Expertos recomiendan planificar con antelación: conocer el deducible, el máximo de desembolso y la cuota de coinsurance antes de necesitarlos; confirmar que cada proveedor esté en la red para evitar cargos mayores.
Las cuentas de ahorro para la salud (HSAs) reciben un impulso fiscal reciente en cambios legislativos, y se destacan como una herramienta útil porque las contribuciones crecen con ventajas fiscales, el saldo puede acumularse y usarse para gastos sanitarios cubiertos, y se recomienda mantener un ahorro suficiente para cubrir al menos la mitad del máximo de desembolso.
También conviene revisar minuciosamente las facturas con desglose; buscar errores o cargos excesivos es más común de lo que parece. En ese sentido, existen servicios como Goodbill o Resolve que pueden ayudar a negociar el importe. Otra opción es preguntar por programas de ayuda financiera antes de pagar; muchos hospitales ofrecen estos planes, aunque no siempre están bien anunciados.
En resumen, tener seguro no elimina el riesgo de gastar mucho en salud. El coste de la atención médica en Estados Unidos sigue ejerciendo presión sobre las familias, incluso cuando hay cobertura, y la respuesta pasa por una combinación de planificación, verificación de facturas y, cuando es posible, aprovechar herramientas como HSAs y ayudas de los propios centros sanitarios para evitar que una emergencia médica se convierta en un problema de deudas a largo plazo."