Una nueva norma en California exige que la masa de maíz usada para tortillas y alimentos como tamales lleve ácido fólico, con la meta de reducir defectos del tubo neural en el desarrollo del bebé.

Una norma que llega a la mesa de muchas familias desde California obliga a que la masa de maíz destinada a tortillas, tamales y otros productos contenga ácido fólico.

Se trata de una medida clara: incluir este nutriente en la masa para ayudar a prevenir defectos del tubo neural, como la espina bífida, durante las primeras semanas de embarazo.

El ácido fólico es una forma de folato, una vitamina B crucial para que las células nuevas se formen correctamente. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), es la única forma de folato que ha demostrado prevenir defectos cerebrales y de la columna en el desarrollo del feto.

En Estados Unidos, casi desde hace 30 años, se exige la fortificación de productos enriquecidos como pan, cereales y pastas con ácido fólico. Esa política general ha contribuido a reducir ciertos defectos, aunque algunas poblaciones, entre ellas los bebés de madres hispanas, siguen registrando tasas más altas.

Con la nueva norma, la atención se dirige específicamente a la masa de maíz. El objetivo es que comunidades latinas accedan a este nutriente en un momento clave, cuando a veces la madre no ha empezado a tomar suplementos o ni siquiera sabe que está embarazada.

California fue el primer estado en aprobar este requisito en enero, y otras jurisdicciones estudian pasos similares. Alabama aplicará la medida en junio, y Florida, Georgia, Oklahoma y Oregon están evaluando opciones. Texas, Delaware, Nueva Jersey y Pensilvania también mostraron interés, según informes de la prensa.

El CDC recuerda que alrededor de la mitad de los embarazos en Estados Unidos no son planificados, por lo que la ingesta regular de ácido fólico, unos 400 microgramos diarios, antes y en las primeras semanas de gestación, es importante para reducir riesgos.

Aunque la medida llega tarde para embarazos ya confirmados, ayuda a cubrir situaciones en las que la gestación no es conocida de antemano.

Más allá de la salud individual, estas decisiones se insertan en un debate sobre fortificación de alimentos y políticas de salud pública. Quienes respaldan la norma señalan que puede prevenir tragedias y disminuir desigualdades entre comunidades; quienes miran el costo o la logística de implementar el requisito advierten sobre posibles retos para fabricantes y comercios.

En conjunto, la noticia se enmarca en una historia más amplia: la lucha por una alimentación más segura y por proteger a la maternidad ha evolucionado durante décadas.

Ver a California dar este paso y escuchar que otros estados contemplan opciones similares refuerza la idea de que el cuidado de los futuros nacidos sigue siendo una prioridad para las autoridades, incluso cuando las discusiones políticas y económicas acompañan la conversación.