Robby Starbuck reabre su ofensiva contra Harley-Davidson, alegando incumplimientos de promesas anti-DEI; la empresa dice que no mantiene DEI ni cuotas y enfrenta un liderazgo que cambia la identidad de la marca.
La campaña anti-DEI de Harley-Davidson vuelve a la carga ante nuevas acusaciones de lo que sus críticos llaman woke. El objetivo de la ofensiva ha puesto a la marca en el centro de un debate que parece interminable: que papel debe tener la diversidad en una empresa que quiere ganar clientes en un mercado cada vez más polarizado.\n\nEl impulsor principal de estas críticas es Robby Starbuck, un activista que ya protagonizó boicots y campañas contra firmas por su supuesto sesgo progresista.
En un video publicado en la red social X, Starbuck aseguró que Harley-Davidson ha roto promesas anteriores de erradicar lo que llama woke en la compañía.
Además, señaló con dureza a Artie Starrs, el CEO que asumió el mando en Harley en octubre, y cuestionó si su liderazgo encaja con la identidad masculina y pro-EE.
UU. que la marca quiere proyectar.\n\nSegún Starbuck, Harley-Davidson habría implementado políticas o iniciativas que, a su juicio, fomentaban la diversidad y la inclusión de forma que no encajan con las convicciones de una parte de su base de clientes.
En el video, el activista afirma que la marca está rodeada de figuras que patrocinan grupos LGBTQ y eventos que a sus críticos no representan al público conservador.
Harley-Davidson, por su parte, comunicó a esta cabecera que no tenía un departamento de DEI desde hace meses, que no mantenía cuotas de contratación y que había dejado de perseguir metas de gasto en diversidad entre proveedores.
También dijo que no participaría en un índice de referencia de la organización que mide cuán amistosas son las políticas de una empresa hacia las personas LGBTQ+.\n\nLa campaña incide en una pregunta que se repite con frecuencia: ¿qué sucede cuando una empresa intenta complacer a intereses tan divergentes? Expertos consultados señalan que estas batallas culturales pueden dañar la imagen de la marca y distraer de la estrategia comercial.
Un profesor de ciencia política y administración de empresas de una universidad reconocida explica que cuando una firma intenta contentar a activistas de la izquierda y la derecha sin una visión clara de su marca, se convierte en blanco continuo de críticas.
Coincide con esa visión el análisis de otros especialistas que señalan que Harley-Davidson no está aislada: Target, Walmart, Ford y otros gigantes también han visto presiones para revisar o revertir medidas de DEI en los últimos años.\n\nHistóricamente las políticas de diversidad surgieron con fuerza en las grandes corporaciones tras la ola de protestas por la muerte de una persona en 2020.
En ese periodo, muchas empresas adoptaron programas de DEI y buscaron ampliar la representación de colectivos marginados. Pero a medida que crece la polarización, surgen preguntas sobre el coste de estas estrategias: con qué clientes se gana y a qué coste se pierde. Quienes defienden estas políticas sostienen que, a la larga, las compañías responsables de su entorno laboral y social tienden a construir marcas más fiables y sostenibles.
Quienes son más escépticos sostienen que si la propuesta se percibe como forzada, puede provocar reacciones contrarias que afecten a ventas y a la lealtad de la clientela.\n\nEn Harley-Davidson el movimiento de reacomodo llega justo cuando la marca está tratando de volver a una senda de crecimiento y reputación de gran marca estadounidense.
El hecho de que esté ahora bajo una nueva dirección añade más leña al fuego: los críticos ven en el liderazgo actual una oportunidad para exigir respuestas más contundentes.
Por su parte, Starbuck advierte que aún hay mucho que mostrar y promete noticias en los próximos días y semanas.\n\nEste episodio deja en evidencia una tensa batalla entre valores culturales y estrategia de negocio. Para los clientes conservadores que buscan sentirse identificados con sus marcas favoritas, estas tensiones recuerdan que las decisiones corporativas ya no se quedan en la sala de juntas: influyen en qué producen, cómo lo cuentan, a quién contratan y, en última instancia, si siguen formando parte de la lista de compras habituales.
Harley-Davidson tiene ante sí la tarea de demostrar que puede mantener su identidad sin abrir la puerta a controversias que podrían asustar a una parte de su público, y al mismo tiempo sostener el ritmo de una empresa en plena fase de recuperación y transformación.