Mercados estadounidenses en caída por temores sobre gasto en IA y datos débiles, con Bitcoin, oro y bonos sensibles a la volatilidad. Se presenta una conversión aproximada a euros para comparación europea.

La sesión bursátil de este jueves dejó claro el nerviosismo en los mercados de Estados Unidos ante una mezcla de inquietudes sobre el gasto en inteligencia artificial y señales de debilitamiento en el mercado laboral.

El S&P 500 cayó alrededor de 1,2%, cerrando en 6.798,40 puntos; el Dow Jones Industrial Average retrocedió 1,2%, hasta 48.908,72; y el Nasdaq Composite bajó 1,6%, situándose en 22.540,59. Estas cifras reflejan una jornada de ventas intensas impulsadas por la expectativa de un aumento en la inversión en tecnología y por dudas sobre cuánto tiempo tardarán los avances en IA en traducirse en beneficios empresariales sostenidos.

Supuestamente, el nerviosismo no es exclusivo de las acciones, pues también se aprecian movimientos en otros activos de refugio y en el costo de capital a corto plazo.

Entre las noticias destacadas de la jornada, supuestamente Alphabet, la casa matriz de Google, anunció planes de gastar hasta 185.000 millones de dólares en inversiones de capital para albergar la nueva ola de tecnología. Convertidos a euros, esos $185.000 millones representan aproximadamente 170.000 millones de euros. Esta cifra, que si se confirma podría reconfigurar la demanda de equipos, servicios y proveedores en el ecosistema tecnológico, fue recibida con una mezcla de optimismo y cautela por los inversores, que temen que el crecimiento de gastos pueda presionar márgenes a corto plazo.

En este contexto, las criptomonedas no han escapado al movimiento de aversión al riesgo. Bitcoin cayó a su nivel más bajo desde 2024, cotizando alrededor de 63.458 dólares, lo que en euros equivale a unos 58.400 euros. La caída, que supera el 13% en la jornada, añade presión a un mercado ya sensible a las noticias sobre regulación, gasto público y cambios en la política monetaria.

Supuestamente, la volatilidad en las criptomonedas se ha visto amplificada por relatos de analistas influyentes que advierten sobre la posibilidad de ventas más amplias para cubrir pérdidas en otros activos, lo que crea un efecto de contagio entre clases de activos de alto riesgo.

El oro no quedó al margen y despidió la sesión con una caída cercana al 2,5%, hasta 4.826 dólares por onza. Convertido a euros, eso se sitúa alrededor de 4.450 euros por onza, una lectura que ilustra cómo la percepción de valor se mueve entre activos conservadores y de alto riesgo cuando el tablero macroeconómico se vuelve más incierto.

En el mercado de bonos, la demanda de refugio se manifestó en movimientos de la deuda pública: el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años dejó de subir y se situó alrededor de 4,206%, con un descenso de unos pocos puntos básicos.

Este comportamiento suele interpretarse como una señal de mayor búsqueda de seguridad ante malos datos de empleo o de crecimiento, o bien ante dudas sobre el ritmo de la expansión de la economía.

A nivel político y regulatorio, la jornada estuvo marcada por lo que supuestamente fue una audiencia del Congreso con el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, y con la oposición demócrata disputando el tono y la claridad de las respuestas.

Según quienes cubren la sesión, los demócratas alegaron que no se respondieron de forma directa ciertas preguntas sobre la estrategia fiscal y la supervisión de las políticas de IA.

Aunque la versión oficial de los hechos puede variar, lo que es evidente es que este tipo de comparecencias suele aportar un nuevo combustible a la volatilidad de los mercados, ya que cambian las expectativas sobre el gasto público y la regulación de tecnologías disruptivas.

Históricamente, cada ciclo de avances en IA ha coincidido con períodos de mayor volatilidad en los mercados cuando los inversores evalúan si las inversiones en infraestructuras y talento tecnológico podrán justificar los costos a largo plazo.

En ese marco, los movimientos de hoy pueden interpretarse como una etapa de transición: los inversores digieren información sobre el ritmo de inversión y su impacto en ganancias, mientras que el rendimiento de instrumentos de deuda y las monedas digitales reaccionan a estas señales de mayor o menor incentivo para la inversión tecnológica.

Para los inversores europeos, estas dinámicas ofrecen dos lecturas: por un lado, la posibilidad de que las grandes inversiones en tecnología y semiconductores permanezcan como motor de crecimiento a medio plazo; por otro, el recordatorio de que la economía global está muy entrelazada y que las tensiones de una región pueden transmitirse rápidamente a los mercados de otros continentes.

En ese sentido, las cotizaciones en euros pueden verse influenciadas tanto por las noticias técnicas de IA como por las porciones de gasto público que se debaten en Washington y por la evolución de las expectativas de crecimiento global.

En resumen, la jornada de hoy subraya una realidad: la tecnología continúa acelerando el compás de los mercados, pero la transmisión de su valor a la economía real depende de variables políticas, regulatorias y macroeconómicas que siguen siendo motivo de análisis y debate.

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