Análisis claro de por qué la adopción de mascotas se ralentiza en EE.UU. y qué factores de coste influyen en las decisiones de las familias.
La adopción de mascotas se está frenando en Estados Unidos y la razón principal no es la falta de amor por los animales, sino la factura que conllevan.
Un informe del Bank of America Institute señala que, a pesar de la voluntad de acoger a un perro o un gato, la asequibilidad está condicionando esas decisiones.
En 2025, aproximadamente 95 millones de hogares tenían al menos una mascota, lo que representa alrededor del 71% de los hogares estadounidenses. El gasto total en mascotas ese año alcanzó los 158 mil millones de dólares, y la mayor parte de ese gasto se concentra en atención veterinaria y en productos y servicios para mascotas.
La adopción de perros cayó de forma modesta en 2025, mientras la adopción de gatos se mantuvo relativamente estable, un patrón que el estudio relaciona con la presión presupuestaria de muchas familias.
La clave está en la asequibilidad. El informe señala que, como en muchas áreas del presupuesto familiar, la decisión de adoptar o no se está viendo condicionada por cuánto dinero queda para gastar.
Entre 2025 y 2026, la tasa de hogares con mascotas se ha reducido, especialmente entre quienes tienen ingresos más bajos. Esa realidad contrasta con otros grupos de ingresos, donde el gasto en mascotas ha seguido un curso distinto, con crecimientos moderados o incluso ligeras caídas en ciertos rubros.
En cuanto a el gasto por categorías, la subida de precios ha sido notable. El gasto en tiendas de mascotas aumentó alrededor de un punto porcentual interanual en abril, mientras que el gasto en servicios veterinarios creció cerca del 6% respecto al mismo periodo del año anterior.
Parte de ese incremento obedece a una concentración de servicios veterinarios en manos de firmas de capital privado, lo que, según el banco, puede erosionar la competencia y elevar precios.
Esto implica que, para una familia, el costo de cuidar de una mascota ya no es un gasto secundario, sino una partida que requiere planificación seria.
Las diferencias por nivel de ingresos también son marcadas. Las parejas con ingresos más altos muestran una mayor capacidad para absorber los aumentos, mientras que las familias de menores ingresos ajustan el gasto con mayor rigor.
Los Millennials y la Generación X que reportan menores ingresos recortan gastos en tiendas de mascotas, mientras que quienes tienen ingresos más altos continúan destinando una parte mayor de su presupuesto a alimentación, seguros y atención veterinaria.
El resultado es que, para muchos hogares, los costos de las mascotas compiten con otras prioridades, como la vivienda, el transporte o la educación de los hijos.
La región también importa. Un análisis geográfico de los datos indica que Seattle aparece como una de las áreas con mayores gastos mensuales en mascotas, superando la media nacional en alrededor de un 23% en los primeros meses de 2026.
Otras ciudades como Portland o la zona de Portland, en Maine, figuran en posiciones altas, mientras que ciudades como Atlanta, Dallas u Orlando se sitúan por debajo de la media, reflejando diferencias en el coste de vida local y en la capacidad de gasto de las familias.
A nivel humano, hay historias que permiten entender el día a día. Por ejemplo, Olivia Sablan, una joven de Seattle, describe que el coste mensual para su perra Lemon se sitúa en torno a 118 dólares. Aunque no es una factura desorbitada, suma mes a mes y obliga a hacer ajustes: recortes en ocio, viajes o compras no esenciales para poder mantener al animal en un hogar estable y responsable.
Este tipo de decisiones, repetidas en muchos hogares, muestra que la adopción no es un gesto aislado sino una responsabilidad que se adapta a la economía del momento.
A pesar de todo, la demanda de refugios y de adoptar sigue ahí; muchos expertos señalan que la clave para sostener la adopción a largo plazo pasa por soluciones que reduzcan la factura sin sacrificar el bienestar animal: seguros para mascotas más asequibles, competencia sana entre proveedores de servicios veterinarios y apoyo público dirigidos a las familias que deciden abrir su hogar a un animal.
Mientras tanto, la lectura clara para el ciudadano medio es que decidir adoptar una mascota debe hacerse con cabeza, planificación y presupuesto, sabiendo que el coste real va mucho más allá del primer mes de compra o de la primera adopción.