Análisis de la controversia en torno a Frida Baby, su publicidad y la respuesta de consumidores y la empresa, con contexto histórico y datos relevantes.

Frida Baby, la marca conocida por sus productos para el cuidado posparto y para bebés, se encuentra una vez más en el centro del debate público tras la difusión de campañas publicitarias en Instagram que, según algunos usuarios, cruzan la línea del humor para adultos cuando se dirigen a un público infantil.

La polémica resurgió a partir de publicaciones antiguas, de hace cinco años, que volvieron a circular y llevaron a que la compañía anunciara que retirará ciertos activos de marketing y ajustará su tono para alinearse con lo que describe como el momento actual.

A principios de febrero, varios creadores de contenido y consumidores empezaron a expresar boicot contra Frida, señalando que algunas etiquetas y envases contenían insinuaciones sexuales que no encajan con productos para bebés.

Un creador de contenido señaló que hay un límite entre la irreverencia y la decencia en esta categoría, y las respuestas en redes se multiplicaron en cuestión de horas con miles de comentarios.

En respuesta, Frida aseguró que el humor ha sido una parte central de su conversación desde el inicio, para hablar de la realidad, cruda y a veces desordenada de la crianza.

La marca afirmó que no busca ofender y que su objetivo es ayudar a los padres que muchas veces se sienten aislados, dando un toque de ligereza a momentos difíciles.

La compañía añadió que retiraría ciertos activos de marketing heredados y que revisaría su tono para garantizar que siempre esté a la altura del momento, sin detallar qué piezas concretas serán eliminadas.

Paralelamente, un repaso a publicaciones antiguas de Frida en Instagram reveló mensajes y visuales que, cuando se publicaron, generaron debates sobre la adecuación de las bromas en un entorno de consumo infantil.

Entre los ejemplos citados están publicaciones de 2020 y 2021 que incluían imágenes de un bebé con sudor y textos que sugerían situaciones adultas, o vídeos que mostraban el uso de un aspirador nasal con enfoques provocadores.

Estos contenidos ya no figuran en la línea principal de la marca, pero son citados por críticos como evidencia de una estrategia de humor que algunos consideran inapropiada para un público familiar.

Supuestamente, algunos analistas y críticos señalan que Frida podría estar considerando cambios radicales en su estrategia de marketing para responder a la presión de las audiencias y reguladores.

Más allá de la publicidad, la campaña ha desencadenado un debate más amplio sobre la responsabilidad de las marcas en marketing para bebés. Una petición en Change.org, que solicita a la Advertising Standards Authority investigar la publicidad, reunió más de 27.000 firmas. En la defensa, algunos usuarios sostienen que la publicidad de Frida está dentro de una corriente de humor irreverente que, en su opinión, no afecta a las familias; otros insisten en que ciertos mensajes cruzan una línea de decencia y deben ser corregidos.

Frida respondió a la oleada de comentarios no solo con mensajes en Instagram sino también por correo: la empresa subrayó su compromiso de hablar con honestidad, empatía y coraje y de evaluar cada decisión para que su voz no suponga una carga para las familias.

En la publicación de Instagram, la marca dejó claro que seguirá evolucionando su tono y que, en el futuro, priorizará contenidos que encajen con el momento y las preocupaciones reales de los padres.

La historia no es solo un caso de marketing controvertido; refleja una tendencia más amplia en la publicidad de productos para el cuidado infantil. Algunos observadores señalan que, en un entorno digital saturado de mensajes, es probable que las compañías encuentren una delgada línea entre creatividad y ofensa.

Según el historial reciente de Frida, la empresa ha buscado diferenciarse mediante el humor para desdramatizar las situaciones cotidianas de la crianza, pero la respuesta de los consumidores indica que esa fórmula requiere ajustes, especialmente cuando se dirige a un público tan vulnerable.

El rango de precios de algunos productos podría situarse entre 20 y 30 USD, lo que, con una tasa de conversión aproximada, equivaldría a unos 18–28 EUR.

Estos rangos de precio son aproximados y sirven para entender el impacto económico de la controversia cuando la marca quiere ganar confianza en mercados extranjeros.

Con todo, el caso Frida demuestra que la industria debe equilibrar creatividad y responsabilidad, y que la reacción pública puede forzar cambios rápidos en la estrategia de marca y comunicación.

Si la empresa navega estas aguas con mayor claridad, podría fortalecer su relación con los consumidores que buscan productos que combinen utilidad y empatía sin sacrificar la sensibilidad de una audiencia amplia.