La inflación que mira la Fed, medida por el índice PCE, sube a 3.8% en abril, el mayor desde 2023. Además, el precio de la gasolina mantiene alza y complica el bolsillo de las familias. Este artículo explica qué significa todo ello y qué podrían hacer los próximos meses.

La semana pasada se confirmó lo que ya muchos sospechaban: la inflación, tal como la mira la Reserva Federal, volvió a subir. El índice de precios de consumo que la Fed vigila de cerca, conocido como PCE, subió un 3.8% respecto al año anterior en abril. Este dato, que se publica todos los meses, confirma que seguimos con precios altos y con un ritmo de subida que no es menor. Es, además, la lectura más alta en casi tres años, y llega justo cuando el país entra de lleno en el verano.

Pero ojo: dentro del mismo informe hay dos lecturas que conviene entender bien. Por un lado está el PCE “general”, el que marca la pauta para la política monetaria. Por otro lado está el “core” PCE, que excluye alimentos y energía porque son más volátiles. En abril, ese core PCE subió un 3.3% anual, una cifra también elevada y por encima de la meta que persigue la Fed. En lenguaje llano, significa que, aun sin contar los alimentos y la gasolina, los precios de muchos bienes y servicios siguen subiendo con fuerza.

¿Qué está impulsando estas subidas? Existen tres puntos que los economistas señalan con mayor claridad. El primero es que la economía no se ha apagado: hay crecimiento, aunque más moderado. El segundo es la inercia de precios que se resiste a bajar rápido. Y el tercero es que, cuando suben las tasas de interés para enfriar la economía, los costos de endeudamiento encarecen préstamos y hipotecas, lo que a su vez afecta al consumo y a la inversión.

En paralelo, la gasolina está en el centro del debate. El índice de precios de la gasolina ha estado subiendo y en promedio nacional se sitúa alrededor de los 4.56 dólares por galón. En estados como Ohio, la media puede estar cerca de 4.76 dólares por galón. El fin de semana de Memorial Day, que marca el inicio no oficial del verano para los estadounidenses, suele ver más viajes y, por tanto, más gasto en combustible.

Todo ello se traduce en facturas de gasolina más altas para las familias, algo que el presupuesto de muchas personas ya sentía antes de este repunte.

¿Qué esperan los analistas sobre la política de la Fed? La mayoría coincide en que, de momento, no hay prisa por recortar tasas y que lo razonable es mantenerlas en el rango actual de 3.5% a 3.75% durante la próxima reunión de mediados de junio. Eso sí, ya hay debates sobre si podría haber movimientos más adelante en 2026 o incluso en 2027, dependiendo de cómo se muevan el empleo y la inflación en los próximos meses.

En otros apartados, el Departamento de Comercio revisó a la baja la estimación de crecimiento para el primer trimestre de 2026. Según esas cifras, el PIB creció un 1.6% interanual, lo que para algunos analistas es una señal de moderación: crecimiento sin recesión, pero con menos impulso que antes.

Algunos especialistas señalan que la combinación de inflación más alta de lo esperado y un crecimiento más débil “no es lo deseable” para la economía.

Chris Zaccarelli, jefe de inversión de Northlight Asset Management, señaló en una nota que hay que entender que la inflación más alta junto con un crecimiento que se enfría trae un dilema: “no queremos estancamiento”.

Por su parte, Scott Helfstein, de Global X ETFs, remarcó que el mercado ya ha movido las expectativas de recortes a increments de tasas y que el dato de abril debe “ser descontado” en los precios de activos.

¿Qué significa esto para tu vida diaria? En primer lugar, siguen existiendo precios altos para bienes y servicios básicos, y la gasolina puede seguir condicionando el gasto familiar.

En segundo lugar, las decisiones de la Fed dependerán de cómo evolucione tanto la inflación como el mercado laboral y el crecimiento económico. Y, por último, la gente debe prepararse para un verano en el que, pese a la subida de precios, la economía mantiene una cierta resiliencia, pero con menos combustible para impulsos fuertes de consumo.

En resumen, este verano podría resultar más caro de lo que muchos esperaban: la inflación medida por el PCE está en su punto más alto desde 2023, la gasolina añade presión al presupuesto y las autoridades monetarias están vigilando muy de cerca si hay que mantener, subir o, más adelante, ajustar las tasas.

Si quiere entender por qué pasa esto y qué podría ocurrir en los próximos meses, conviene estar atentos a la lectura que ofrece el informe de la Fed y a los indicadores de empleo y crecimiento que se publican cada mes.