Un estudio en EE. UU. revela que el 93% de los propietarios retrasa reparaciones de HVAC y fontanería. Aquí tienes por qué ocurre y qué pasa si esperas.

En Estados Unidos, la mayoría de los propietarios admite que pospone reparaciones en sistemas clave de la casa. Un estudio de SupplyHouse, un distribuidor online de suministros para fontanería, calefacción, aire acondicionado y eléctricos, encuestó a 1.001 dueños de vivienda para entender sus hábitos de reparación. ¿La conclusión principal? Retrasar arreglos, especialmente en HVAC y fontanería, suele salir caro. De hecho, el 93% de los encuestados dijo que espera antes de hacer una reparación en estos dos sistemas.

La gente pospone por varias razones, pero la más repetida es la prudencia ante el coste. Si una avería parece menor o el gasto no es inmediato, muchos prefieren dejarlo para más adelante. En la práctica, el 40% afirma que solo llama a un profesional cuando el problema ya se ve que se agranda; y casi 20% admite que solo contacta a un técnico cuando el equipo deja de funcionar por completo.

Eso demuestra que muchos subestiman el riesgo y el coste de no actuar a tiempo.

Otro dato revelador: el 71% de los propietarios dice que intenta arreglarlo por su cuenta antes de llamar a un profesional. Y no sorprende que, cuando un problema parece poco serio, menos de la mitad de esos intentos DIY sirvan de mucho; en muchos casos, la reparación casera termina empeorando la situación.

En resumen: tanto ignorar como improvisar pueden salir más caros que contratar a un profesional desde el inicio.

Qué pasa con el dinero y el timing. Si un dueño actúa dentro de la primera semana de detectar un fallo, el costo promedio de reparación ronda los 380 dólares. Pero si se dilata seis meses o más, esa factura sube a una media de 868 dólares. Es decir, casi 500 dólares de más por dejarlo para después, sin contar costos indirectos como facturas de agua por fugas, o costos de energía por equipos que funcionan mal.

¿Y cómo pagan estas reparaciones cuando el dinero no sobra? No todos tienen un fondo de emergencia. En la muestra, el 44% usó tarjetas de crédito, préstamos, planes de pago o pidieron dinero a familiares o amigos. Ese porcentaje se eleva cerca de la mitad cuando la reparación se retrasa un mes o más. En otras palabras, la demora no solo gravita sobre el bolsillo, también suele obligar a recurrir a financiación con intereses.

Una opción que muchos oyen pero no siempre aprovechan es la garantía de vivienda. Con una garantía, un técnico puede desplazarse a domicilio por la tarifa de servicio, y en muchos casos el coste adicional puede ser mínimo o nulo si la avería está cubierta.

Típicamente, estas garantías cuestan entre 40 y 60 dólares al mes y pueden cubrir reparaciones de HVAC y fontanería cuando fallan por desgaste normal.

En caso de fallo cubierto, el cliente paga solo la tarifa de servicio, que suele ser de unos 75 dólares. Cada proveedor tiene sus condiciones, y conviene leerlas con atención.

Qué cubre y qué no suele variar. En general, una garantía de hogar cubre las tuberías, válvulas y accesorios vinculados a fontanería; también puede incluir bombas de sumidero, bombas de pozo y acondicionadores de agua, aunque estos extras dependen del plan.

EnHVAC, la cobertura suele abarcar unidades centrales, bombas geotérmicas y equipos de climatización, pero hay exclusiones comunes: problemas preexistentes, mantenimiento deficiente, daños cosméticos, instalaciones incorrectas o cambios necesarios para cumplir códigos actuales.

Si el seguro de hogar ya cubre un fallo, la garantía no lo duplicará.

Los datos dejan claro un mensaje práctico: cuanto antes se actúe, mejor para la economía del hogar. Pero además de pagar a tiempo, conviene planificar. Revisar tuberías y calentadores regularmente, fijar un presupuesto para reparaciones y recurrir a profesionales con experiencia son decisiones razonables, incluso para familias con ingresos moderados.

Y si optas por una garantía, lee las condiciones y compara coberturas, costes mensuales y límites por sistema para evitar sorpresas.

En suma, la lección es simple: la demora puede convertir una reparación relativamente barata en un gasto mayor y más complicado de financiar. Actuar con previsión, evitar improvisaciones cuando el sistema falla y valorar alternativas como las garantías puede ayudar a mantener la casa en buen estado sin descolocar el presupuesto familiar.