Un líder de Ford se involucra como voluntario en un centro de Detroit que atiende a personas sin hogar, impulsa una gran donación y revela una conexión entre filantropía corporativa y comunidad.
El CEO de Ford, Jim Farley, ha sumado una labor que va más allá del manejo de autos: se ha convertido en voluntario de Pope Francis Center, un refugio en Detroit que ofrece vivienda, comidas y programas integrales para personas sin hogar.
El centro, ubicado en Core City, forma parte de un esfuerzo comunitario para atender a una población vulnerable mediante servicios que incluyen vivienda temporal, asesoría, biblioteca y actividades de reinserción laboral.
Farley mantiene esa relación de voluntariado desde hace años y ha participado en campañas para ampliar el campus de 60.000 pies cuadrados que forma parte del centro. Las informaciones de Detroit Free Press señalan su implicación constante y su interés por apoyar a residentes que luchan contra la adicción y la falta de vivienda.
En una de las iniciativas, Farley ayudó a gestionar una campaña que recaudó unos 40 millones de dólares para la construcción del campus. En euros, esa cifra ronda los 36,8 millones. Supuestamente, el centro ha visto un incremento en las donaciones y en la participación de voluntarios tras la intervención de la directiva de Ford, lo que podría ayudar a ampliar aún más los servicios disponibles.
El campus abrió sus puertas en septiembre de 2024 y ofrece 40 estudios, una cocina y comedor, un gimnasio, una clínica médica y dental, servicios legales, una biblioteca, una capilla y un salón de arte.
En el interior se creó una habitación dedicada a la memoria del primo del directivo, el cómico Chris Farley, para inspirar a los residentes que luchan contra la adicción y la indigencia.
No es una anécdota aislada: la sala busca recordar que incluso las trayectorias exitosas pueden coexistir con desafíos personales.
Uno de los residentes, Allan Webster, habló de su vida y de cómo encontró en la iniciativa una oportunidad para reconstruir su historia. Tras vivir en una camioneta durante dos años, encontró en la iniciativa un camino para volver a la vida cotidiana, con servicios que incluyen talleres de arte, apoyo psicológico y formación laboral.
Farley estuvo presente durante gran parte de la conversación y demostró un interés genuino por el proceso de recuperación de Webster, además de compartir su experiencia personal.
El relato ilustra cómo la filantropía corporativa puede conectarse con una misión social en una ciudad que ha lidiado durante años con la crisis de personas sin hogar.
Detroit, una urbe con una historia reciente de crisis industriales y migraciones poblacionales, ha experimentado pasos tímidos pero persistentes hacia la reconstrucción de su tejido social.
En ese marco, Ford ha señalado su deseo de apoyar a la ciudad, no solo vendiendo vehículos, sino también fortaleciendo comunidades.
En una nota menos detallada, Farley comentó que la empresa podría mantener el vínculo con el centro y que la envergadura de su nueva sede, situada a poco más de una milla de distancia, facilita intercambios simbólicos entre la manufactura y el bienestar social.
Este gesto de responsabilidad social corporativa, en clave de traducción práctica, envía un mensaje claro sobre el papel de grandes empresas en la solución de problemas locales y abre un debate sobre cómo medir el impacto de estas iniciativas en la vida de las personas.
Durante el encuentro también emergió un detalle simbólico: un residente entregó a Farley un modelo a escala de un Ford Model T como muestra de gratitud por el apoyo recibido, un objeto que vincula la historia de Ford con la comunidad de Detroit.
Aunque el centro ha crecido, la relación entre la fábrica de automóviles y el bienestar humano continúa funcionando como un puente entre la industria y la vida cotidiana de quienes más lo necesitan.
Supuestamente, la iniciativa forma parte de una tendencia más amplia en la que grandes empresas buscan integrar responsabilidad social en su estrategia corporativa para impulsar cambios visibles en ciudades con desafíos estructurales.
En este caso concreto, la acción de Farley y de Ford podría sostenerse como ejemplo de cómo la filantropía empresarial puede convertirse en un motor de transformación social a la vez que fortalece la imagen de una marca que quiere escribir una nueva página en su historia junto a Detroit.