Un vistazo claro a por qué los jóvenes se interesan por criptomonedas, apuestas deportivas y mercados de predicción, y qué riesgos esconden cada opción.
Gen Z está descubriendo un mundo de inversiones que muchos describen como ambivalente: por un lado la promesa de ganar rápido, por el otro el riesgo de perder dinero.
Según Northwestern Mutual Planning & Progress Study 2026, los jóvenes y los que ya están en sus 20s y 30s se están dejando seducir por lo que se llaman inversiones alternativas: criptoactivos, apuestas deportivas y mercados donde se predice el resultado de eventos.
Y lo más llamativo es que esa atracción no es minoritaria: un porcentaje considerable de Gen Z y de millennials ya está dentro de estas opciones o contempla sumarse muy pronto.
Una de las cifras que más se citan es que 32% de Gen Z y 24% de millennials ya están invirtiendo o pensando en apostar en mercados de predicción o apuestas deportivas.
Además, 18% de millennials y 17% de Gen Z están o han estado en el terreno de las opciones sobre acciones. Meme stocks, esas compañías que suben por el empuje de las redes, interesan a 14% de Gen Z y 13% de millennials. En conjunto, estos números muestran que la juventud tiende a acercarse más a estas categorías que las personas mayores, que siguen inclinándose por inversiones tradicionales como acciones y bonos.
Muchos analistas advierten que, aunque estas plataformas se presentan como herramientas de inversion y lectura de probabilidades, en la práctica pueden parecerse más a apuestas.
El rendimiento esperado de este tipo de operaciones suele ser menor o incluso negativo para muchos participantes. Como lo expresa un veterano analista, no todas las apuestas que se hacen sobre el precio de un activo o el resultado de un evento tienen un retorno positivo a largo plazo; y, si no se estudian bien las reglas y los riesgos, la probabilidad de perder dinero es alta.
Este matiz es clave para no confundir entusiasmo con una estrategia de inversión sólida.
El asunto se complica cuando se cruzan noticias de alto perfil: por ejemplo, un soldado de las fuerzas especiales participó en una operación secreta para capturar a Nicolás Maduro y luego realizó apuestas sobre ese hecho en una plataforma de predicción, un caso que ilustra cómo estas herramientas pueden entrelazarse con acontecimientos reales.
Casos así generan debate sobre el uso de mercados de predicción para temas de seguridad nacional y su posible impacto en prácticas como el uso de información privilegiada.
En cualquier caso, consolidar la creencia de que se puede predecir y ganar con facilidad es un error común entre iniciados y usuarios jóvenes.
En cuanto a la criptomoneda, es la categoría más conocida y extendida entre los jóvenes: entre todos los adultos de Estados Unidos, 24% ya invierte o está considerando invertir en cripto, y esa cifra asciende a 32% entre Gen Z y 35% entre millennials.
Aun con esa popularidad, la cripto no es la única vía de alto riesgo: las apuestas deportivas y los mercados de predicción, las opciones de compra y venta de acciones (trading de opciones) y las llamadas meme stocks están captando la atención de un tramo amplio de jóvenes inversores.
El rasgo común es la búsqueda de resultados rápidos, impulsada, en parte, por la sensación de que el sistema financiero tradicional no ofrece a todos los jóvenes las mismas oportunidades.
En Estados Unidos hay quien defiende abrir el acceso a activos no tradicionales en planes de jubilación, y el debate sobre regulación se mantiene vivo.
En el corto plazo, lo que se ve es un público que quiere experimentar, aprender y, sobre todo, entender dónde termina la frontera entre inversión y juego.
En síntesis, la juventud está explorando una gama de activos con perfiles de riesgo muy alto, con la esperanza de acortar distancias con las metas financieras.
Pero la experiencia de los mercados enseña que solo quien se forma, se educa y asume las pérdidas cuando llegan, tendrá una base más sólida para sus decisiones a largo plazo.
Por ello, la clave para cualquier persona que se sumerja en estas áreas es la claridad: saber qué espera uno de la inversión, entender el riesgo real y no confundir la emoción del momento con un plan de crecimiento sostenible.