Alphabet emite un bono a 100 años con cupón del 6,125% que atrae a fondos de pensiones y hedge funds, con una demanda institucional muy alta y una denominación en libras esterlinas convertida a euros.
Alphabet, la matriz de Google, dio la sorpresa al anunciar la emisión de un bono centenario con vencimiento en 2126. El cupón anual asciende al 6,125% y la operación atrajo, según fuentes institucionales, una demanda significativa de fondos de pensiones y de hedge funds.
En total, la oferta formó parte de una colocación más amplia que, junto a otras emisiones, recaudó casi 32.000 millones de dólares en un periodo de 24 horas. Convertidos a euros, estos montos rondarían aproximadamente los 29.400 millones de euros, asumiendo una tasa de cambio aproximada de 1 USD = 0,92 EUR. Supuestamente, para muchos compradores institucionales, este tipo de deuda de muy largo plazo puede servir para equilibrar la estructura de vencimientos y proporcionar ingresos estables a lo largo de décadas.
La emisión se realizó en Reino Unido y, conforme a las condiciones, presenta una denominación mínima de 100.000 libras esterlinas. Esa barrera de entrada la hace inaccesible para inversores minoristas y sitúa la demanda en el terreno de la inversión institucional. En euros, una denominación de 100.000 libras equivale a alrededor de 115.000 euros, según la tasa de cambio vigente de la región. El rendimiento del bono se sitúa en 6,125%, una rentabilidad que, si bien es elevada para instrumentos de deuda gubernamental, entra en la franja de lo que algunos analistas denominan bonos de largo plazo con rendimiento relativamente alto para compensar la longevidad de la inversión.
Evidencia de la interés institucional se ve en las cifras de la demanda: se estima que las ofertas alcanzaron casi diez veces el tamaño de la emisión inicial, con órdenes por aproximadamente 1,4 mil millones de dólares.
En euros, esa demanda rondaría los 1,29 mil millones, un indicio de que la seguridad y la duración de este papel resultan atractivas cuando las perspectivas de inversión se tornan inciertas para otros activos a corto plazo.
Alphabet, que reporta ingresos anuales por encima de los 400.000 millones de dólares, es también una compañía con un proyecto explícito de inversión en inteligencia artificial que, para 2026, se propone destinar 175.000 millones de dólares a este fin. En euros, eso equivale a cerca de 161.000 millones de euros. Su capitalización bursátil, cercana a 3,8 billones de dólares, podría traducirse en alrededor de 3,5 billones de euros, si se aplica la tasa de conversión mencionada.
Para contextualizar, los bonos centenarios son poco habituales en EE. UU. y en el sector tecnológico. La última emisión de este tipo en tecnología data de Motorola en 1997, y IBM había lanzado un centenario en 1996. Desde 1990, se han emitido al menos 38 bonos centenarios por parte de empresas públicas estadounidenses, aunque solo 17 siguen en circulación. En ese marco, la presencia de Alphabet parece más una declaración de confianza en su capacidad de permanecer activo durante un siglo que un mero experimento financiero.
Hay quienes apuntan, supuestamente, a que estas operaciones buscan estabilizar flujos de ingresos a largo plazo ante la volatilidad de una industria tecnológica en rápida evolución; otros advierten que la longevidad de un título de este tipo puede convertirlo en un activo de difícil venta en escenarios de crisis.
En cualquier caso, estas emisiones provocan reflexión sobre el papel de la deuda a muy largo plazo en la estrategia de financiación de grandes tecnológicas y en la composición de sus carteras de inversores.
Si Alphabet mantiene su presencia en el mercado hasta 2126, el bono cumplirá con su promesa; si no, el mercado secundario podría encontrar compradores, aunque a un precio que refleje la incertidumbre y el descuento asociado a una vigencia tan prolongada.
En suma, la aparición de un título de esa duración subraya una realidad: las firmas tecnológicas buscan cada vez más horizontes de inversión que exceden la vida de la propia empresa, y los inversores institucionales parecen dispuestos a asumir esa apuesta con cautela y esperanza.