La producción de Jim Beam se detendrá durante todo 2026 y varias destilerías estadounidenses enfrentan bancarrotas, mientras el consumo y las exportaciones de licores caen ante un entorno económico más restrictivo.
La segunda mitad de la década de 2020 está marcando un giro para las bebidas espirituosas en Estados Unidos. Mientras las cadenas de bares y tiendas ajustan sus inventarios, la industria enfrenta un ejercicio difícil: la reducción del consumo y, en paralelo, el incremento de cargas para sostener la producción.
En este contexto, la firma James B. Beam Distilling Co. anunció que su destilería principal, ubicada en Clermont, Kentucky, suspenderá la producción durante todo el año 2026. La decisión busca gestionar de forma más eficiente los volúmenes de producción ante una demanda que, a juicio de la compañía, exige replantear su capacidad operativa y sus costos fijos en un horizonte más estrecho.
La noticia se inscribe en un año en el que varias destilerías pequeñas y medianas han presentado bancarrotas o reestructuraciones. Entre las más destacadas se cuentan distillerías que operaban en Danville (Kentucky), San Antonio (Texas), Sacramento (California), Portland (Oregón), Boston y Colorado.
En conjunto, este conjunto de insolvencias refleja un clima en el que los costos operativos, las irritantes tensiones de la cadena de suministro y la volatilidad del mercado de consumo se combinan para presionar a productores de menor tamaño.
Según analistas, la presión sobre la liquidez de estos negocios ha aumentado frente a un entorno de demanda más débil y de tarifas comerciales que encarecen la exportación de productos de mayor valor.
El descenso del consumo también está respaldado por datos de mercado. Un sondeo de Gallup, realizado en agosto, muestra que solo 54% de los adultos afirma consumir bebidas alcohólicas; esa cifra está por debajo del 58% registrado en 2024 y del 62% de 2023.
Entre quienes sí beben, el promedio de bebidas por semana se sitúa en 2,8, el nivel más bajo desde 1996, cuando la firma empezó a medir este indicador con mayor frecuencia.
Este debilitamiento de la demanda interna llega en un momento en que los exportadores sufren también costos y barreras: durante el segundo trimestre de 2025, las exportaciones de licores muestran una caída de alrededor del 9% frente al mismo periodo del año anterior, según informes sectoriales.
En el frente internacional, las ventas al exterior de estas bebidas no han sido ajenas a las tensiones comerciales. Mientras la Unión Europea, el Reino Unido y Japón muestran caídas en sus importaciones, Canadá ha visto una retracción especialmente pronunciada.
Se estima que las exportaciones a Canadá cayeron alrededor de un 85%, situándose por debajo de los 10 millones de dólares en el periodo. Eso equivaldría, aproximadamente, a unos 9,2 millones de euros al cambio vigente, una cifra que ilustra la magnitud de la reducción para un mercado vecino y relevante en la estrategia de ventas estadounidense.
Presuntamente, parte de este desplome podría estar asociado a medidas arancelarias y a ajustes regulatorios que encarecen el comercio entre ambas naciones.
En palabras de Chris Swonger, presidente y director ejecutivo de DISCUS (Consejo de destilados de Estados Unidos), hay señales de que los consumidores internacionales se inclinan cada vez más por productos locales o por importaciones distintas a las marcas icónicas estadounidenses, lo que evidencia una transición de gusto que las empresas deben saber gestionar.
El marco de 2025 también deja constancia de un sector en transformación. No todo es pesimismo: la categoría de cócteles listos para beber creció ligeramente, y el segmento de bebidas sin alcohol mostró un desempeño notable en años recientes.
En concreto, NIQ registra que, en 2024, las ventas de bebidas sin alcohol alcanzaron unos 829,2 millones de dólares, lo que, aplicado a un tipo de cambio cercano a 0,92 euros por cada dólar, equivale a aproximadamente 763,6 millones de euros.
Este giro hacia opciones con menos graduación o sin alcohol podría reflejar cambios en el gasto de los hogares, una mayor preocupación por la salud y la búsqueda de opciones más económicas en tiempos de restricciones presupuestarias.
Aunque estas cifras sirven para dibujar una foto de conjunto, los analistas advierten que el camino hacia la recuperación no será lineal y dependerá de la evolución de los ingresos disponibles y del precio final al consumidor.
A nivel histórico, la industria de licores en Estados Unidos ha mostrado ciclos de consolidación y reconfiguración cada década, impulsados por cambios en la demanda, innovaciones de producto y cambios regulatorios.
En la década de 1980 y principios de los 90, la consolidación de marcas y la expansión de la distribución impulsaron un crecimiento sostenido; luego, tras la recesión de finales de esa década y la crisis de 2008-2009, varios actores ajustaron su portafolio y su presencia en mercados regionales.
En la actualidad, las empresas que logren combinar eficiencia productiva, oferta acorde a los nuevos hábitos de consumo y una estrategia de exportación más resiliente tendrán más probabilidades de capear la tormenta.
Supuestamente, la destilación de saberes del pasado podría ayudar a estas compañías a redefinir su modelo de negocio sin perder de vista la rentabilidad.
Desde la perspectiva de la economía real, las quiebras de destilerías y los parones de producción no solo impactan a los inversores y a la cadena de suministros, sino que también tienen efectos en el empleo y en las comunidades donde operan estas instalaciones.
La combinación de menor consumo, presión de costos y restricciones comerciales obliga a los jugadores del sector a optimizar su estructura de costos, revisar sus inventarios y buscar mercados alternativos.
En este entorno, la pregunta que queda en el aire es qué tanto podrá resistir la industria ante un ciclo que, pese a todo, sigue dependiendo de hábitos de consumo, cambios regulatorios y condiciones macroeconómicas que, en distintos momentos, pueden acelerar o frenar la recuperación.
En suma, 2026 será un año determinante para la industria de licores en Estados Unidos. El parón de una de las destilerías más emblemáticas y la ola de quiebras que ya marcaron el año anterior dibujan un panorama de reajuste necesario.
A la vez, los cambios en el comportamiento del consumidor y las nuevas dinámicas de exportación obligan a las empresas a repensar estrategias, diversificar portafolios y fortalecer su presencia en mercados que, pese a los vientos en contra, siguen abiertos a la innovación y a la demanda de productos auténticos.
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