Una ejecutiva abandona un puesto bien pagado y funda una empresa de gestión de datos. Su caso ilustra cómo algunas mujeres logran entrar en el selecto 1% de ingresos en Estados Unidos y qué retos persisten en la vida profesional y familiar.
En Estados Unidos, una ejecutiva con un sueldo alto dejó la seguridad de su empleo para arriesgarse y emprender. Su historia, recogida por USA TODAY, muestra que es posible subir en la escala económica incluso cuando se sale de lo cómodo, pero también deja claro que no es un camino fácil, especialmente para las mujeres que quieren compaginar carrera y familia.
La protagonista es Nancy Marzouk, profesional de tecnología y publicidad. En su trayectoria, fue la típica figura en la sala donde muchas veces era la única mujer y donde la cultura corporativa tenía más peso que las habilidades individuales.
Sentía que rendía por encima de los demás pero recibía menos reconocimiento que los hombres de su equipo. En 2013 dejó su trabajo corporativo estable y fundó MediaWallah, una empresa de gestión de datos. Hoy gana entre 600 mil y 800 mil dólares al año, ubicándose entre el 1 por ciento de mayores ingresos en Estados Unidos.
El estudio de 2019 en una revista de sociología señala que solo el 5 por ciento de las personas en ese grupo son mujeres. Esa cifra muestra que no es habitual que las mujeres lleguen a la cúspide del ingreso, aunque cada vez hay más ejemplos de liderazgo femenino cuando se oye el empuje de emprendedoras.
Otra mujer destacada en ese grupo es Emily Riley, profesora e investigadora. Riley entrevistó a 145 mujeres que ya están en el 1 por ciento para entender qué las impulsa. Después de decidir tener un tercer hijo, se convirtió en consultora tecnológica y ahora gana casi 1 millón de dólares al año. Es decir, la independencia profesional puede ir parejada a una mayor flexibilidad para conciliar familia y trabajo.
La mayoría de las mujeres en el 1 por ciento tienden a estar casadas y a tener al menos dos hijos. Aunque en muchos casos son las principales proveedoras del hogar, una parte considerable convive con parejas y crianza compartida. En la investigación se encontró que el 89 por ciento están casadas y el 71 por ciento tienen dos o más hijos. Sobre el carácter de estas mujeres, los datos señalan que destacan por impulso, gestión de su carrera y ganas de aprender. Muchas prefieren abrir su propio camino y no seguir las rutas marcadas por otros. Un dato que suele repetirse es que conseguir financiación para proyectos liderados por mujeres puede ser más difícil que para hombres.
También hay preguntas culturales sobre cómo se llega a esas posiciones. Entre las respuestas aparece una pregunta frecuente entre las entrevistadas: que haría un hombre en esa situación y luego aplicar una versión diferente que se ajuste a su realidad.
En conjunto, estas historias muestran que un salto arriesgado puede traer grandes recompensas, pero que no se alcanza sin coste personal. Las experiencias de Marzouk y Riley configuran un retrato actual de una economía que premia la innovación, pero que exige adoptar nuevas formas de liderazgo, negociar mejor y planificar la vida familiar.