Análisis sobre cómo las recompensas de fidelidad de las aerolíneas dependen cada vez más de los pagos con tarjetas de crédito y qué podría significar para viajeros, bancos y reguladores.
Las recompensas de viaje están en plena reconfiguración. En los últimos años, varias aerolíneas de Estados Unidos han apoyado sus programas de fidelidad cada vez menos en la venta de billetes y, en su lugar, han aumentado su dependencia de los pagos realizados con tarjetas de crédito co-brand.
Un examen de documentos y presentaciones de United, American, Delta y otras firmas entre 2021 y 2025 ilustra un giro que, según analistas, no es aislado sino parte de una estrategia más amplia para asegurar ingresos estables en un entorno de márgenes sensibles al combustible y a las regulaciones.
Las aerolíneas están reduciendo las recompensas para los vuelos de menor costo y elevando los beneficios para quienes gastan a través de tarjetas asociadas.
Por ejemplo, United Airlines anunció que a partir del 2 de abril de 2026, los miembros habituales que no posean su tarjeta ganarán solo 3 millas por cada dólar gastado en vuelos elegibles, mientras que los titulares de tarjeta obtendrán al menos 6 millas por cada dólar.
En su conjunto, la estrategia busca incentivar el uso de tarjetas co-brand para sostener el programa de lealtad. presuntamente
Para Delta Air Lines, las transacciones con American Express constituyen una parte crítica de su compartimento de ingresos de fidelidad: del orden de 7,5 mil millones de euros en efectivo en 2025, lo que representa aproximadamente el 14% de sus ingresos operativos ajustados.
American Airlines, por su parte, registró alrededor de 5,7 mil millones de euros en pagos en efectivo de co-brand y otros socios durante 2025. En Alaska Airlines, la fidelidad aportó cerca del 16% de los ingresos totales, lo que ilustra cuán dependientes se han vuelto las aerolíneas de estas asociaciones.
El sistema también está sujeto a escrutinio y cambios regulatorios. Un marco que podría afectar estas dinámicas es una propuesta bipartidista conocida como Durbin-Marshall, que podría exigir más competencia en el enrutamiento de pagos, con el argumento de que reduciría los costos para comerciantes y, en consecuencia, para los consumidores.
Los defensores señalan que menos costos en pago podrían traducirse en cambios para las recompensas, mientras que críticos advierten que el nuevo equilibrio podría erosionar ingresos de las aerolíneas.
En ese sentido, analistas y grupos de interés ya plantean que la regulación podría alterar la forma en que las aerolíneas financian sus programas.
A nivel internacional, los límites a las tasas de intercambio en Europa y Australia, así como la mayor vigilancia regulatoria, han llevado a que algunas aerolíneas reduzcan o ajusten las recompensas para ciertos billetes de bajo costo.
Esto, a su vez, podría traducirse en una menor rentabilidad de las tarjetas co-brand para los bancos emisores si la demanda de millas se modera o cambia de perfil.
Históricamente, los programas de viaje nacieron como una forma de fidelizar clientes y competir por cada viajero. Las primeras iniciativas se remontan a las décadas de 1980 y 1990, cuando las aerolíneas empezaron a otorgar millas por volar. Con el tiempo, las tarjetas de crédito co-brand se popularizaron y se convirtieron en una pieza clave del negocio de fidelidad: bancos y aerolíneas compartían ingresos, riesgos y campañas de marketing.
A la luz de estos cambios, los analistas advierten que la mayor parte de las recompensas podría estar cada vez más vinculada al gasto con tarjetas específicas, en detrimento de quienes vuelan de forma esporádica o eligen tarifas económicas que limitan la acumular millas.
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Para los viajeros, estos movimientos podrían significar que el valor de las millas dependa en mayor medida de su gasto con tarjetas aliadas y de la estructura de tarifas de cada aerolínea.
En un escenario optimista, los programas podrían volverse más eficientes y transparentes; en un escenario pesimista, los beneficios de las tarifas más bajas podrían verse compensados por reglas más restrictivas para acumular millas.
En cualquier caso, los cambios destacan la creciente interdependencia entre el negocio de vuelos, las tarjetas de crédito y las plataformas de pago, un triángulo que seguirá marcando el pulso de la lealtad en la industria.
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