Una pelea entre policías y barras de Vélez comenzó tras un partido amistoso y terminó en un caos que dejó 21 detenidos, incluidos ocho agentes.

Anoche, en las cercanías del estadio José Amalfitani en Liniers, ocurrió un insólito enfrentamiento que dejó a la comunidad sorprendida. Todo comenzó tras la victoria de Vélez Sarsfield contra Peñarol en su debut en la Copa Libertadores. En un aparente partido amistoso de fútbol 5, la situación se tornó caótica cuando un grupo de policías de civil se vio envuelto en una batalla campal con un sector de la barra del equipo local, que provocó que se escucharan disparos en el aire.

Este altercado no tuvo su origen en la contienda deportiva que se estaba llevando a cabo horas antes en el estadio, sino en un descuido que se convirtió en una chispa para el conflicto.

Según testigos, uno de los policías estaba utilizando un pantalón de Peñarol, lo que sugirió una provocación inadvertida hacia los aficionados de Vélez que pasaban por el área.

La cancha de fútbol 5, ubicada en la intersección de Juan B. Justo y Barragán, se convirtió en el escenario de este enfrentamiento inesperado. Tras el partido de la Copa Libertadores, un grupo de aficionados de Vélez que regresaba del estadio notó el pantalón del jugador de la policía y comenzaron a insultar a los agentes, quienes respondieron de manera hostil.

La situación rápidamente escaló y los barrabravas decidieron ingresar a la cancha con la intención de atacar. Armados con palos, se abalanzaron sobre los policías que solo buscaban un momento de esparcimiento.

Un policía de civil, en medio del caos, tomó su arma y disparó al aire en un intento de disuadir a los agresores, pero la tensión aumentó con otro disparo proveniente de los barras, lo que llevó a una riña descontrolada entre ambas partes.

La lucha se intensificó y se volvió más peligrosa.

La rápida intervención de la unidad de Despliegue Intervenciones Rápidas (DIR) logró controlar la situación, pero no sin dejar graves consecuencias.

En total, 21 personas fueron arrestadas, de las cuales 13 pertenecían a la barra de Vélez y ocho eran policías. Esta peculiar situación ha desatado tanto preocupación como críticas dentro de la comunidad, evidenciando una falta de control y protocolos en las áreas adyacentes a los eventos deportivos.

Además, es relevante mencionar que el incidente ha llamado la atención de la Dirección de Asuntos Internos de la Policía, quien ya ha iniciado una investigación administrativa sobre los involucrados para determinar responsabilidades.

El lamentable suceso pone de manifiesto una vez más la necesidad de abordar con seriedad la violencia en el fútbol argentino, un problema que ha perdurado a lo largo de la historia y que ha llevado a múltiples episodios de violencia tanto dentro como fuera de los estadios.

Este tipo de eventos afecta no solo la seguridad de los aficionados, sino que también mancha la imagen del deporte. Queda por ver cómo se esclarecerán los hechos en las próximas semanas y si se tomarán medidas efectivas para prevenir situaciones similares en el futuro.