El extenista sueco Mats Wilander reabre la discusión sobre si Guillermo Vilas fue el verdadero número uno de la ATP y solicita a la organización que corrija una historia que persiste desde los años 70. Vilas, figura emblemática del tenis argentino, atraviesa una etapa de salud delicada y el debate pone de relieve diferencias históricas en las reglas de puntuación.
El extenista sueco Mats Wilander volvió a encender la llama del debate histórico sobre si Guillermo Vilas merece ser reconocido como el primer número uno del ranking de la ATP.
La historia del tenis argentino, que dejó huella con múltiples grandes títulos, sigue sin recibir el reconocimiento internacional que muchos consideran justo.
A sus 73 años, Vilas atraviesa un periodo de salud delicado a causa de una enfermedad neurodegenerativa que lo ha mantenido alejado de la vida pública durante años.
Por eso Wilander dijo en una entrevista con un portal especializado que la ATP debe reconocer a Vilas como el número uno del mundo. Señaló que cada día que pasa sin corregir este detalle supone una injusticia mayor, especialmente si se toma en cuenta su estado de salud. El campeón que lideró la clasificación mundial durante 20 semanas a finales de los años 80 añadió que si existen pruebas de que Vilas ocupó esa posición, no reconocerlo sería un error histórico.
Mar del Plata, ciudad donde Vilas brilló al ganar Roland Garros en 1977, US Open 1977 y el Abierto de Australia 1978 y 1979, habría sido merecedora de liderar la clasificación en 1975.
En aquella época, el sistema de puntuación variaba: no consistía en puntos simples para determinar la posición, sino que el total se dividía por la cantidad de torneos disputados.
Según ese criterio, el promedio favoreció a Jimmy Connors con un 59,80, frente a Vilas que sumó 57,50 en aquel periodo. El resultado fue que Vilas quedó en segundo lugar.
Un periodista argentino, Eduardo Puppo, dedicó una década a investigar el tema y presentó una solicitud formal a la ATP para que corrigiera el error y reconociera de forma retroactiva a Vilas como líder de aquel calendario.
La investigación también llegó a una producción documental disponible en Netflix, que profundizó en el reclamo y su historia. En paralelo, se dio un caso similar en la disciplina femenina: la WTA reconoció de forma retroactiva en 2007 a Evonne Goolagong como la número uno de 1977, por delante de Chris Evert; la ATP, sin embargo, rechazó las pretensiones de Vilas y nunca lo ubicó oficialmente como campeón del ranking de aquella temporada.
Más allá de los nombres y de las pruebas, el debate persiste como una lección sobre cómo las reglas pueden cambiar el reconocimiento histórico de grandes figuras del deporte y de cómo las decisiones de los organismos pueden afectar la memoria deportiva.
Wilander sostiene que el tenis le debe a Vilas ese reconocimiento, y que, con el paso del tiempo, la justicia histórica debería prevalecer para una figura que dejó huella en el tenis argentino y mundial.
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