Un grupo de jugadores de élite está presionando por cambios en la distribución de ingresos, seguridad y gobernanza en el tenis, tras el incremento de premios en Roland Garros 2026 y denunciando falta de diálogo con las grandes citas.
Una revolución que se gestó hace ya un año en el mundo del tenis está a punto de estallar. La razón no es nueva: la distribución de las ganancias millonarias que genera este deporte, sobre todo en los cuatro Grand Slams, ha despertado una frustración que se ha ido acumulando entre las grandes estrellas.
El anuncio de hace unas semanas de Roland Garros sobre los premios en dinero para 2026, con un incremento del 9,5% respecto a 2025, ha llevado la tensión a un punto máximo.
En los vestuarios, y según fuentes cercanas a los jugadores, la reacción ha sido de enojo y desilusión entre candidatas y candidatos a los grandes ejes de la gira.
El incremento anunciado por el Major parisino ha provocado una reacción contundente y un comunicado conjunto respaldado por un grupo de peso que expone tres demandas claras.
El grupo de firmantes está liderado por Jannik Sinner y Aryna Sabalenka, números 1 del mundo, y lo completan también Carlos Alcaraz, Alexander Zverev, Taylor Fritz, Casper Ruud, Daniil Medvedev, Andrey Rublev, Stefanos Tsitsipas y Alex De Miñaur por el lado de la ATP; e Iga Swiatek, Coco Gauff, Jessica Pegula, Madison Keys, Jasmine Paolini, Emma Navarro, Zheng Qinwen, Paula Badosa y Mirra Andreeva por la WTA.
Este elenco representa la cara visible de un movimiento que, si bien no se presenta como una asociación formal ni está ligado a la PTPA, ya lleva más de un año trabajando sobre estas reclamaciones.
Las tres reclamaciones son simples en la teoría, pero complejas en la práctica. Primero, quieren revisar la manera en que se reparte el dinero entre los torneos, con un objetivo claro: que la porción que llega a los jugadores aumente de forma sustancial y que haya una distribución más transparente hacia abajo en la pirámide, incluyendo a los clasificados.
Segundo, piden un refuerzo de los derechos sociales y de salud de los tenistas: pensiones, seguros por lesiones, apoyo para la salud mental y licencias por maternidad, áreas en las que señalan que no ha habido compromisos ni avances significativos.
Y tercero, exigen cambios en la gobernanza: una modernización que, dicen, alinee a las partes interesadas y aumente la inversión en el bienestar de los jugadores a largo plazo, algo que en su diagnóstico carece de suficiente consulta y transparencia.
Con todo, lo que más ha irritado a la élite es la propia dinámica de negociación y la ausencia de comunicación. Atribuyen al Roland Garros un crecimiento de ingresos con cifras ambiciosas, pero señalan que la parte que corresponde a los jugadores está muy por debajo de lo que esperan y de lo que se paga en otros Grand Slams o eventos del circuito.
En números, apuntan que los ingresos de derechos televisivos, patrocinio, venta de entradas y merchandising de 2025 rondaron los 395 millones de euros, un 14% más que 2024, y que el premio en metálico creció apenas un 5,4%.
Hoy, con una proyección de alrededor de 400 millones de euros en ingresos para este año, sostienen que su participación podría situarse por debajo del 15%, muy por debajo del 22% que reclaman para equiparar con eventos ATP y WTA de categoría 1000.
El debate no se limita a una cuestión de dinero. Los tenistas señalan que la asociación de los cuatro grandes está bajo la égida de la Federación Internacional de Tenis, aunque los torneos se gestionan de forma independiente por las federaciones anfitrionas y cada uno fija sus propios premios sin intervención directa de la ATP o la WTA.
Esa dinámica, dicen, enfatiza una cultura de falta de consulta y de poca inversión en el bienestar de los jugadores. En la práctica, la queja se resume en una ausencia de información y participación: se enteraron de los aumentos mediante un comunicado frío y breve del torneo, sin haber sido convocados a un debate previo ni a una discusión sobre la distribución de fondos hacia los niveles inferiores.
Históricamente, este movimiento no se originó de la nada. Ya a finales de marzo de 2025 los jugadores habían dirigido una carta a los cuatro Majors expresando preocupaciones semejantes. Más tarde, en la previa de Roland Garros, se celebró una reunión entre representantes de la élite, en la que se dio un nuevo impulso a la campaña.
Durante el US Open se mantuvieron reuniones que, si bien consiguieron avances —y el Australian Open anunció un aumento significativo del 16% gracias al nuevo formato de dobles mixtos—, los jugadores consideran que ese progreso no fue suficiente.
Por ello, la noticia de 2026 supuso un revés para ellos, que volvieron a hacer públicas sus demandas y adelantaron que volverán a sentarse a la mesa antes del inicio de Roland Garros para decidir próximos pasos.
Sinner, Sabalenka y el resto del grupo no han abandonado la idea de un diálogo constructivo y de reformas que garanticen la salud e integridad a largo plazo del tenis profesional.
Sin embargo, según personas cercanas a las comunicaciones entre las partes, no están descartando ninguna vía: podrían intensificar la presión, aumentar la cooperación con otros jugadores y, si hace falta, contemplar medidas como un boicot si los cambios no avanzan de manera suficiente.
¿Se viene la rebelión en el mundo de la raqueta? El tiempo y las decisiones de los próximos días decidirán si este movimiento se afianza o se diluye ante el siguiente Grand Slam.