El periodista Guillermo Salatino, conocido como Salata, murió a los 80 años. Su trayectoria de casi cinco décadas cubriendo torneos de tenis convirtió a Argentina en una referencia global y dejó un legado de investigación y crónica deportiva.

La muerte de Guillermo Salatino, figura central del periodismo deportivo argentino, ha dejado un hueco importante en el mundo del tenis. Salatino, apodado por muchos como Salata, falleció a los 80 años y había celebrado su cumpleaños el 21 de septiembre. Su nombre se asocia a una trayectoria casi única en el periodismo deportivo argentino, marcada por una cobertura constante y una mirada que entendía el deporte como una historia humana para contar.

Durante 48 años, Salatino viajó sin descanso a los grandes torneos del circuito, cubriendo 147 Grand Slams y dejando una marca que pocos pueden igualar.

Entre sus crónicas destacan 18 ediciones del Australian Open, 43 del Roland Garros, 43 de Wimbledon y 43 del US Open. Un registro que, según sus colegas, se convirtió en una suerte de archivo vivo del tenis, capaz de situar cada partido en su contexto histórico y humano.

A pesar de las interrupciones inevitables que marcó su época —como la Guerra de Malvinas en 1982 y la crisis sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19—, Salatino siempre mantuvo una presencia constante en la cobertura de este deporte.

En 2022 anunció que no volvería a viajar a los grandes torneos, pero eso no impidió que siguiera de cerca los eventos más relevantes para el tenis argentino.

De hecho, su compromiso quedó demostrado en las series de la Davis Cup que disputó la selección argentina en Groningen, Países Bajos, en septiembre, y en Bolonia, Italia, en noviembre del año pasado.

Su presencia en esas series históricos reflejaba su deseo de no abandonar por completo la cobertura de los momentos decisivos para el equipo albiceleste.

Antes de dedicarse por completo al micrófono, Salatino vivió el tenis desde adentro: practicó de forma semiprofesional en la Primera del Lawn Tennis y entrenó junto a grandes figuras de la época como Guillermo Vilas y Marcelo Clerc.

Pero su vocación acabó imponiéndose y dejó la raqueta para abrazar la crónica deportiva, en la que su voz pausada, su capacidad de narrar con claridad y su talento para contextualizar cada historia le ganaron el reconocimiento de colegas y aficionados.

La Asociación Argentina de Tenis (AAT) expresó su pesar a través de las redes, recordando su trayectoria y su influencia en la expansión de la cobertura del tenis argentino a nivel mundial.

Además, tributos de extenistas y periodistas proliferaron en la web y en las redes sociales: mensajes que destacaron su generosidad, su rigor profesional y su entrega al deporte.

En el mundo del tenis, Salatino dejó una cabina de radio que lleva su nombre en el BALTC (Buenos Aires Lawn Tennis Club), símbolo de un legado que inspira a nuevas generaciones de cronistas.

Su figura no solo se limita a un conteo de torneos o a la cantidad de noticias publicadas; para muchos representa la idea de que el periodismo puede acercar la grandeza de un deporte a las personas comunes, mostrando la humanidad de los jugadores y las historias detrás de cada partido.

En ese sentido, Salatino no solo describía resultados, sino que contextualizaba trayectorias, derrotas y victorias con un pulso que conectaba a la audiencia con la emoción de la cancha.

Hoy los que trabajaron cerca de él y los que lo admiraron desde la distancia recuerdan a Salatina como a un maestro de la crónica deportiva, capaz de convertir una crónica de estadio en un relato humano.

Su legado quedará en las memorias de aquellos que crecieron escuchándolo en Sport80, en las líneas de sus crónicas y en las historias que dejó para las generaciones futuras de periodistas y aficionados por igual.