Safin, dos veces campeón de Grand Slam y exnúmero 1, ha pasado de la furia de sus primeros años a una presencia calmada que asesora a Andrey Rublev. Esta nota repasa su trayectoria y el impacto de su mentoría en el circuito.

Marat Safin dejó atrás el perfil de jugador volcánico y convirtió su historia en una lección de paciencia y autocontrol. El ruso, doble campeón de Grand Slam (US Open 2000 y Australian Open 2005) y antiguo número 1 del mundo, convivía con una fama de temperamento explosivo: destrozó decenas de raquetas, discutía con jueces y, en alguna ocasión, se dejó ver borracho en una final de Melbourne.

Pero ahora, más de una década y media después de su retirada, Safin aparece en el circuito con una presencia casi zen, una madurez que lo ha llevado a regresar, aunque solo como asesor, para ayudar a su compatriota Andrey Rublev.\n\nRublev, 28 años y 12º del ranking, encontró en Safin un mentor que no pretende convertirse en su entrenador principal, pero sí en el consejero que aporta claridad cuando la presión aprieta.

La unión nació hace poco más de un año, en la víspera del Masters 1000 de Montecarlo 2025, y desde entonces ha ido ganando confianza y resultados.

Rublev ha visto cómo su juego más sólido y su control emocional han evolucionado; la presencia de Safin parece haber contribuido a que la raqueta vuele menos por instintos y más por una lectura más reposada de las situaciones que se le presentan en la pista.\n\nEn lo que va de temporada, Safin no asume un rol de coach principal ni impone métodos rígidos: su función es compartir experiencia, enseñar a canalizar la adrenalina y recordar que el tenis es, por encima de todo, una carrera de fondo.

Esta dinámica entre el veterano y el joven ha coincidido con momentos de mayor consistencia en Rublev, con menos explosiones y una mayor regularidad en torneos Masters 1000 y en grandes pantallas mediáticas.\n\nHace unas semanas, Safin se tomó un descanso para viajar como mochilero por Marruecos. En su cuenta de redes sociales publicó imágenes de paisajes, noches en tienda de campaña y comidas compartidas con gente local, acompañadas de mensajes que aludían a la naturaleza como una “madre” que acoge a quien se suma al viaje.

Aquella pausa, lejos de verse como distracción, parecía un recordatorio de que el deporte puede convivir con una vida sencilla y que la cabeza debe estar clara para tomar decisiones en la pista.\n\nMientras tanto, Rublev disputaba la final del Conde de Godó en Barcelona, un torneo que, a ojos de muchos, marcaba un punto de inflexión en su relación con Safin: la sinergia entre ambos ya no era una curiosidad de gimnasio, sino una pieza repetible a lo largo de la temporada.

En la previa de Montecarlo 2025, la pareja mostró que su colaboración va más allá de un amago de novedad: es un proyecto que busca consolidar un estilo de juego y una actitud que vuelvan más predecible lo que antes eran subidas y caídas emocionales.\n\nEl legado de Safin, dos veces campeón de Grand Slam y antiguo número 1, va más allá de las victorias: es la historia de alguien que supo convertir la chispa en disciplina, la rebeldía en experiencia y la intensidad en serenidad.

Su huella en el circuito llega en un momento en que las nuevas generaciones buscan referencias que combinen talento bruto con madurez mental. Si Rublev es hoy el ejemplo de que se puede crecer sin perder la propia identidad, Safin es la memoria viva de que, incluso en el deporte más exigente, la calma también puede ser una arma poderosa.

Esta dupla, nacida de una conversación en Montecarlo y afianzada en la pista, promete una etapa de tenis más consciente, donde la presión se administra sin que la pasión se apague.