Alexander Blockx, la joya belga de la Next Gen, vence a Casper Ruud y se mete en las semifinales del Madrid Open. Historia de ascenso, talento y el próximo capítulo de una temporada de polvo de ladrillo que podría marcar un antes y un después.

Casper Ruud, vigente campeón defensor del Masters 1000 de Madrid, cayó en las semifinales ante Alexander Blockx, la gran revelación del torneo. El belga, de 21 años y colocado en el puesto 69 del ranking, selló un sólido 6-4 y 6-4 para quitarse de encima a uno de los jugadores más consistentes de la gira sobre arcilla y avanzar por primera vez a las semifinales de un Masters 1000.

Blockx dejó en claro que está llamado a mezclarse entre los grandes de la era de la Next Gen y que su momento, quizá, ya llegó.

Este torneo, disputado en la Caja Mágica, es una de las últimas paradas importantes de la gira de polvo de ladrillo antes de Roland Garros. Blockx, que en 2026 ha ido ganando peso poco a poco, llegó a Madrid tras un tramo de buenas sensaciones y una serie de victorias que le dieron confianza para enfrentarse a nombres consagrados.

Nadie habría dudado de su talento, pero sí de que fuera capaz de sostener ese nivel ante un top-20 como Ruud, campeón el año pasado.

Las claves del triunfo del belga estuvieron en su servicio y en su capacidad para variar desde el fondo. Ruud, que venía de vencer a varios rivales en el cuadro, no encontró su ritmo ante la potencia y la consistencia de Blockx, que además movió bien los brazos para subir a la red cuando hizo falta.

Tras el partido, Ruud reconoció la solidez del rival: "No encontré grandes debilidades; su saque es poderoso y, desde el fondo, respalda muy bien cada intento de ataque.

Me sorprendió su consistencia para un jugador de su talla".

Blockx, que ya había dejado destellos en 2023 y 2024, se llevó este choque con una exhibición que no solo valía por un pase a semis, sino por confirmar que su evolución está por encima de la de muchas promesas de la región.

Su historia es la de un chico que, con apenas cuatro años, empezó a jugar gracias a la curiosidad de su hermano mayor y al empuje de su entrenador, Philippe Cassiers, con quien forjó su base técnica y mental.

Cassiers ha contado que, cuando Blockx era pequeño, bastó un par de pelotas para entender que estaba ante algo especial; posteriormente, ambos trabajaron juntos con una rutina que hoy se ve reflejada en su juego.

En su palmarés junior brilló con fuerza: fue número uno del mundo en singles y dobles ITF junior, y en 2023 ganó el Australian Open junior, cuando ya dejaba entrever su capacidad para competir con los más grandes.

En 2024 conquistó Kobe en el Challenger y, 2025, dio otra señal de madurez al vencer en Cincinnati y participar en las Next Gen Finals de Jeddah, donde mostró coraje y regularidad al vencer a rivales de primer nivel.

El año pasado terminó 115 en el ranking y, con el impulso de ese cierre, arrancó 2026 con el objetivo claro de meterse de lleno en el circuito principal.

El salto de Blockx en 2026 comenzó con todo: rompió la barrera del top 100 tras alzarse campeón en el Challenger de Canberra y luego debutó en el cuadro principal de un Grand Slam en Melbourne como lucky loser.

Pero fue en la gira de arcilla europea donde se destapó: en Mónaco, tomó protagonismo al vencer a rivales del top-20 y, en Madrid, no dejó lugar a la duda.

En su camino hacia las semis superó a Félix Auger‑Aliassime (quinto del mundo en ese momento) por 7-6 (7-3) y 6-3, y luego a Francisco Cerúndolo (20º) por 7-6 (10-8) y 6-2.

Su triunfo ante Ruud elevó su historial frente a Top 20 a 4-2 y dejó claro que su picante repertorio podría convertirlo en un hueso duro para cualquiera.

Blockx afrontará ahora una prueba aún mayor: su siguiente rival en las semifinales será el alemán Alexander Zverev, tercero del mundo, que doblegó al italiano Flavio Cobolli (13.º) 6-1, 6-4. El belga, que ya se aseguró al menos el puesto 35 del ranking, llega al choque con confianza, hambre de victoria y la sensación de haber despegado definitivamente.

Con un juego muy completo y la confianza de vivir su mejor momento, Blockx se atreve a soñar en grande y a convertir la Caja Mágica en el escenario donde, por fin, empieza a confirmar que su proyección no era una simple promesa.