La organización del Argentina Open analiza la posibilidad de elevar su categoría a un ATP 500 y revisa los costos y la financiación, en un contexto de cambios en el calendario de la ATP y de la competencia por recursos entre torneos de alto nivel.
A finales del año pasado, la Ciudad de Buenos Aires quedó rodeada por una campaña publicitaria con el lema Mucho más que tenis, en la que destacaba la figura del italiano Lorenzo Musetti y, junto a él, aparecían Francisco Cerúndolo, el brasileño Joao Fonseca, Matteo Berrettini y Gael Monfils.
A tres días del cierre del Argentina Open, Cerúndolo se mantenía como el único sobreviviente; Musetti sufrió una lesión muscular en cuartos de final de Australia ante Djokovic, Monfils fue afectado por un virus al regresar de Melbourne y Fonseca y Berrettini se retiraron antes de lo previsto.
Aun así, la semana del torneo consolida una tradición que nació en la primera edición, en 2001, y que ha sabido resistir a contratiempos y cambios.
La estructura del tenis actual, sin embargo, enfrenta desafíos profundos. En estas épocas de transformaciones, la ATP planea un nuevo equilibrio en su calendario, con la idea de priorizar torneos de mayor peso (Masters 1000 y ATP 500) y, en paralelo, reducir la cantidad de certámenes para consolidar la calidad de la gira.
En ese marco, los torneos 250 podrían encontrarse en una zona gris, y Buenos Aires no es ajeno a esa discusión. La visión de los organizadores, liderados por Tennium, es clara: mantener la identidad porteña y, si es posible, avanzar hacia un formato 500 o incluso superior, siempre que la infraestructura y las garantías financieras acompañen.
En estas horas, Andrea Gaudenzi, presidente de la ATP, mantiene una mirada atenta sobre la gira sudamericana y su capacidad para seguir siendo atractiva para las grandes estrellas.
Su objetivo, según se ha comentado en los pasillos del circuito, es sostener una presencia sólida en la región sin perder la esencia de la superficie de polvo de ladrillo.
Hay ideas sobre mover torneos sudamericanos a julio para alinearlos con la segunda ventana europea sobre canchas lentas, una propuesta que podría favorecer a Río de Janeiro frente a Buenos Aires, dependiendo de las condiciones y de la demanda de cada liga.
La presencia de Gaudenzi en el torneo durante el fin de semana apunta a una evaluación directa de la pasión y de la respuesta del público local, así como de la viabilidad de un plan de fortalecimiento de la competencia.
La idea de potenciar Buenos Aires no es nueva, pero hoy cobra una dimensión más tangible. Se contempla la posibilidad de que, con una inversión adecuada y acuerdos comerciales que aseguren presencia de las grandes figuras, el Argentina Open pueda escalar a un ATP 500 en el mediano plazo.
Todo ello, claro, sin perder la identidad regional ni la conectividad con la audiencia local que, según la organización, reclama un espectáculo de alto nivel sin perder su carácter cercano.
En cuanto a los números, el costo operativo del certamen oscila entre entre 4,6 y 5,5 millones de euros, según la que se logre acordar con los jugadores y con las garantías que estos exijan para participar.
Es determinante la suma de las garantías: los cinco tenistas estelares del póster habían asegurado entre 92.000 y 276.000 euros cada uno, es decir, un rango de entre 460.000 y 1,38 millones de euros en total para los nombres principales; con Musetti y Monfils fuera, el gasto en garantías terminó siendo superior a 920.000 euros solo en ese rubro. Este gasto no es único, pero sí significativo para el presupuesto total.
La financiación del torneo se reparte principalmente entre los patrocinadores y, en menor medida, por derechos de televisión, hospitalities (palcos empresariales) y venta de entradas.
El resultado económico, en términos generales, ha mostrado una ganancia que oscila entre el 15% y el 25% respecto de la inversión inicial, lo que ha convertido al Buenos Aires Open en un negocio atractivo para sus dueños y para la ciudad.
Más allá de los números, el torneo se ha convertido en un motor social y turístico en la región, que combina competitividad deportiva con impacto en la escena social y cultural de la ciudad.
Con esa herencia, la organización afirma que el objetivo sigue siendo ofrecer una propuesta de alto nivel que, al mismo tiempo, preserve la identidad y la historia del certamen, al tiempo que se estudian rutas para su eventual fortalecimiento dentro del circuito internacional.