El club argentino organiza un chárter con bandera distinta para sortear las restricciones aéreas venezolanas, intentando llegar descansado y con menos desgaste a la Copa Sudamericana.
River viajará este miércoles a las 15:00 desde Ezeiza con destino a Venezuela para medirse con Carabobo el jueves por la noche, en la cuarta fecha de la fase de grupos de la Copa Sudamericana.
La preparación logística de la delegación ha sido cuidada con antelación porque la ruta al país caribeño presenta complicaciones en la actualidad.
El objetivo es que el viaje sea lo más cómodo posible para el plantel que dirige Eduardo Coudet, evitando golpes de tiempo y de descanso que puedan afectar el rendimiento.
La clave está en la mencionada dificultad: Venezuela mantiene una restricción que entró en vigor el 12 de marzo de 2024, cuando Nicolás Maduro prohibió el paso de aviones argentinos por su espacio aéreo.
Aunque el panorama político en Caracas ha cambiado en el papel, la medida continúa vigente y condiciona la forma de viajar de los equipos argentinos que deben competir allí.
Ante esta realidad, la dirección deportiva de River no se anduvo con rodeos y cerró un acuerdo para garantizar un viaje directo mediante un chárter con una aerolínea de LATAM que está registrada con bandera chilena.
Con ese recurso, la delegación podrá volar sin paradas intermedias y aterrizar en Valencia, ciudad donde juega Carabobo, sin perder demasiado tiempo y con menos fatiga.
El plan es despegar este miércoles desde el aeropuerto de Ezeiza a las 15:00 y aterrizar por la noche en Valencia, con una duración prevista de unas siete horas de vuelo.
Saber que existiría una llegada nocturna les da a los responsables del vestuario y del cuerpo técnico una ventana clara para organizar la recuperación: el entrenamiento del jueves quedaría fuera de examen, y se priorizará el descanso para afrontar el choque con más frescura.
Además, el huso horario de Valencia está una hora por detrás de Buenos Aires, lo que facilita una adaptación más rápida al día del partido.
La idea fue celebrada por el técnico y el cuerpo técnico de River, especialmente por la necesidad de conservar la mayor cantidad de energía posible en un tramo tan cargado de compromisos.
Si no se hubiera podido asegurar este viaje directo, el equipo habría tenido que avanzar la partida y hacer escalas, incluso llegando a opciones como Panamá o Colombia.
De hecho, la experiencia reciente de Racing la semana pasada, que viajó a Caracas haciendo escala en Bogotá y pasó más de 11 horas dentro del itinerario, sirve como recordatorio de lo que podría haber ocurrido.
En otro episodio parecido, River ya había sufrido en la fase de grupos de la Libertadores 2024: a finales de marzo, para visitar al Deportivo Táchira, la logística llevó al equipo a Cúcuta (Colombia) y luego un traslado en micro hasta San Cristóbal, lo que les sumó casi 15 horas de viaje total.
Con el nuevo plan, el Chacho Coudet espera reducir el desgaste y conservar la claridad emocional de sus jugadores, algo clave para afrontar la seguidilla de encuentros que viene y, sobre todo, para llegar con el mejor rendimiento al cruce de octavos de final del torneo.
Tras la llegada a Venezuela, se espera que el cuerpo técnico programe una sesión de recuperación breve y, ya en territorio argentino al regreso, una nueva etapa de entrenamientos para preparar el clásico ante San Lorenzo.
Si todo sale según lo planeado, el plantel podría concentrarse en el Monumental después del último ensayo previo al choque y continuar con la rutina que lo lleve al objetivo final de la fase de grupos.
Este conflicto diplomático entre Argentina y Venezuela, que se gestó a raíz de la negativa a permitir vuelos argentinos en territorio venezolano, ha obligado a los clubes a anticipar, planificar con detalle y buscar soluciones creativas para que el viaje no se convierta en un obstáculo significativo.
A día de hoy, River apuesta a que esta logística pueda convertirse en una ventaja táctica: menos tiempo de viaje, más tiempo para descansar y una preparación más eficiente para intentar avanzar hacia los octavos de final de la Copa Sudamericana, un objetivo que, en palabras de la dirección deportiva, no es solo una meta deportiva sino también una forma de demostrar que el club sabe manejarse ante escenarios complejos fuera de la cancha.