El Chacho no esconde que la actuación fue mala, se responsabiliza y plantea recuperar la identidad ofensiva de River para reencontrar a la afición y volver a pelear.
En River Plate, la llegada de Eduardo Coudet ha traído una forma de decir las cosas sin rodeos. Después de la derrota frente a Atlético Tucumán en el Monumental, El Chacho no anduvo con vueltas: la actuación fue malísima, el peor partido desde que llegó, y el equipo no logró transmitir buena sensación desde adentro hacia afuera.
No se jugó a la medida de lo que exige el club, y él se autodeclara el máximo responsable: la derrota genera una deuda con la gente.
Esto resume la sinceridad con que encara cada encuentro y, sobre todo, la presión que acompaña a River cuando no está fino.
No encontró la forma de traducir el juego en ideas claras de ataque y dejó claro que hay que trabajar duro para que River recupere su identidad. Busca que el equipo vuelva a jugar de forma ofensiva, dinámica y técnica, tal como marca la historia del club. En su lectura, a veces el equipo se queda más cerca de lo que el propio plantel cree poder hacer que de lo que realmente puede lograr en el campo, y eso no le gusta a un entrenador que entiende los riesgos de cada partido.
Sobre la relación con la hinchada, mencionó que pidió disculpas al público y que la idea era contagiar al equipo desde la grada, no señalar a nadie.
Recordó que no se trata de culpar a la afición, sino de que todos empujen desde dentro para que el fútbol se vea y se sienta. Recodó que, incluso con el empuje de la gente, no lograron engancharse durante los 90 minutos y que esa deuda del grupo con la afición es un tema que hay que corregir cuanto antes.
A pesar de la lectura pesimista de esa caída, Coudet quiso dejar un mensaje de optimismo para lo que viene. Ve, en los mata-mata del Apertura, la oportunidad de levantar el ánimo y dejar atrás las dudas. Aseguró que Vera y Driussi volverán al grupo en breve, entrenando a la par de sus compañeros y aumentando las opciones para que River recupere la confianza y la fluidez.
Recalcó que el objetivo es llegar bien a los Playoffs y que el club debe pelear hasta el final, porque esa es la esencia de River.
El calendario no espera: quedan cuatro días para el próximo compromiso, un viaje a Venezuela para la Copa Sudamericana ante Carabobo. El plan es claro, trabajar para reconectar con el rendimiento colectivo y que el ataque vuelva a funcionar como una máquina de generar situaciones y goles.
Este tramo del año siempre exige respuestas rápidas, y el Chacho sabe que frente a la exigencia del Monumental no hay margen para errores. En la historia de River Plate, este tipo de momentos se superan con trabajo, confianza y esa hambre de revancha que caracteriza al club y a su afición.