Análisis de un conflicto en Racing Club entre Diego Milito y Víctor Blanco por la redistribución de palcos del Cilindro y un nuevo patrocinio de American Vial que implica un pago de 1,2 millones de dólares (aprox. 1.104.000 euros). Se ofrece contexto histórico y posibles impactos en la gestión institucional.

La relación entre Diego Milito, actual presidente de Racing, y Víctor Blanco, su antecesor al frente de la institución, se ha tensado de manera notable a raíz de una reconfiguración de palcos en el estadio Cilindro y de un acuerdo de patrocinio que promete ingresos significativos para la tesorería del club.

Según la versión de la nueva Comisión Directiva, la redistribución de los palcos obedece a una necesidad de ajuste contractual que acompaña la firma de un nuevo sponsor, American Vial, que se compromete a aportes por 1.200.000 dólares. Esa cifra, al cambio actual, equivale aproximadamente a 1.104.000 euros, cifra que para la dirigencia busca asegurar una mayor previsibilidad en las finanzas de la institución.

El foco de la discusión no es solo la lógica comercial de mover asientos y privilegios, sino también el manejo de espacios dentro de la infraestructura.

En el seno del club circulan versiones que sostienen que el palco que ocupaba la familia Blanco desde años atrás quedó en poder de Miguel Jiménez debido a la orden de reubicar sectores para cumplir con el nuevo orden contractual.

A la par, la asignación de estacionamiento interno fue modificada y ahora corresponde a un área ubicada frente a la calle Milito, una decisión que ha sido interpretada por algunos como un cambio de estatus dentro de la administración y que ha generado distancia entre las distintas corrientes internas.

En la narrativa que circula entre allegados a Blanco, se sostiene que el ex presidente nunca habría gozado de un palco propio antes de su consagración en el cargo en 2013, y que, a lo largo de sus 11 años de gestión, no habría abonado cargos asociados a ese beneficio, lo que ha sido motivo de cuestionamientos en círculos cercanos a la antigua conducción.

Por su parte, Milito ha trasladado la idea de que el club recibió un escenario complicado al momento de asumir la presidencia: una organización con obligaciones pendientes y un horizonte de desarrollo que exige decisiones valientes y, a veces, impopulares.

Dentro de este marco, la Comisión Directiva ha argumentado que la reorganización de palcos y la firma de un patrocinio de peso forman parte de una estrategia para garantizar la sostenibilidad del club en el mediano y largo plazo.

El acuerdo con American Vial, dicen, permitirá captar recursos que pueden ser canalizados a mejoras de infraestructura, al fortalecimiento de categorías inferiores y a la proyección deportiva que Racing busca mantener frente a sus rivales históricos.

Históricamente, Racing Club ha sido una institución que ha dependido de alianzas comerciales y de la gestión de activos para sostener su desarrollo.

El Cilindro de Avellaneda, uno de los escenarios más emblemáticos del fútbol argentino, ha visto cambios en su estructura de palcos y en la distribución de privilegios conforme han ido evolucionando las políticas de financiación.

En este contexto, la discusión entre Milito y Blanco no sólo es una disputa entre dos figuras de la dirigencia, sino un espejo de las tensiones típicas que surgen cuando se combinan caprichos institucionales, necesidades financieras y aspiraciones deportivas.

A la espera del próximo cruce de la temporada, la pregunta que persiste es qué decisiones tomará Blanco en el futuro cercano y qué implicaciones tendrán para la convivencia interna de Racing.

¿Qué respuestas dará la dirigencia ante las críticas y qué impacto tendrá el patrocinio en los planes a futuro del club? El choque de perspectivas continúa, y el próximo encuentro en el Cilindro podría convertirse en un escenario clave para ver si estas fricciones quedan canalizadas hacia un marco de entendimiento o si, por el contrario, estallan en nuevas diferencias que exijan soluciones más profundas.