Gustavo Quinteros explica su visión para enderezar al Rojo, el papel del equipo en la ofensiva, la idea de reforzarse a mitad de año y cómo maneja la presión de una institución con mucha historia.

Llueve y el césped del predio de Independiente en Villa Domínico queda empapado, mientras los truenos marcan el tono de la mañana. Dentro de la sala de prensa, la voz de Gustavo Quinteros impone el ritmo: el entrenador de 61 años tomó las riendas el año pasado, tras la salida de Vaccari, justo antes de un clásico de Avellaneda de visitante.

Meses después, quiere terminar de moldear al Rojo a su manera para intentar entrar en los playoffs del Torneo Apertura y, por qué no, ilusionarse con el título.

Quinteros abre las puertas de su idea de juego, comparte lo que más le gusta de su equipo y adelanta qué se busca en el mercado para la segunda mitad del año.

También responde a una pregunta que preocupa a hinchas y medios: qué escribe en su libreta durante los partidos.

A mitad de año, el club enfrentaba una situación complicada: resultados adversos, altibajos y la necesidad de dar un giro. El entrenador recuerda que, tras un inicio con dos empates y dos derrotas, llegaron cuatro victorias seguidas que le dieron aire y confianza al elenco.

Su objetivo es convertir al equipo en una unidad competitiva con la base existente y, cuando sea posible, reforzar con lo que se pueda en el mercado de junio.

El club ha contado con ventas y préstamos para equilibrar la economía, pero ya se piensa en fichajes para sostener la mejora durante la segunda mitad de la temporada.

Quinteros asegura que el equipo genera juego y llega con peligro constante, aunque reconoce que las dificultades emocionales pueden aparecer cuando el rendimiento se resiente.

El predio y las instalaciones están en mejoría y eso ayuda a trabajar con más contexto y confianza. La historia de Independiente, una institución de gran peso en el país y en América, añade presión, pero también sirve de impulso cuando las cosas van bien.

Cuando la flecha está para arriba, el Rojo pesa; cuando no, la presión interna se multiplica. El técnico insiste en que hay que jugar bien para ganar y que la gente del club se siente identificada con esa idea.

Para gestionar lo anímico, el equipo cuenta con apoyo psicológico. Quinteros destaca que la experiencia en clubes grandes implica enfrentar crisis y mantener la consistencia. En su trayectoria, ha aprendido que el equilibrio entre lo mental y lo deportivo es clave para sostener un rendimiento alto. Sobre el rol de las juveniles, el entrenador detalla que la formación va por delante de los resultados inmediatos: los chicos deben entrenar con Primera y competir en Reserva para crecer con tiempo y enjuego.

Parmo, una de las promesas, tiene todas las condiciones técnicas, pero necesita fortalecerse físicamente para soportar el ritmo del fútbol argentino; la idea es que, con paciencia, acaben saltando a la Primera cuando llegue el momento.

En cuanto a la filosofía de juego, Quinteros afirma que esa es una característica innegociable de su proyecto. Ha ganado ligas y experiencias en el extranjero, y sostiene que el fútbol argentino es especialmente exigente: se juega con mucha intensidad, presión y ritmo.

Reconoce que el arbitraje puede traer momentos injustos, pero mantiene el foco en la entrega y la pasión que rodean al fútbol en Argentina. A nivel personal, admite que su vida gira en torno al fútbol: mira la mayoría de los partidos, disfruta del teatro y la comida, y ha logrado que su familia también comparta esa pasión, asistiendo a los encuentros y acompañándolo en este viaje.

Quinteros defiende su disección del club y su proyecto con convicción: su objetivo inmediato es que Independiente peleé por el Apertura y por la Copa Argentina, con la mirada puesta en un futuro no muy lejano que permita sostener un rendimiento alto.

En lo personal, expresa un deseo claro de quedarse en el club y de ver a la institución fortalecerse, apoyada por una directiva con la que mantiene una relación fluida, sin dejar que la política interfiera en lo deportivo.

Datos históricos ayudan a entender el contexto: Independiente es uno de los clubes más laureados de Argentina y de América, con años de gloria en copas internacionales, pero los últimos tiempos han mostrado un camino más complicado en torneos nacionales.

El clásico de Avellaneda, duelo histórico contra Racing, representa una plataforma para recuperar confianza y demostrar que el Rojo puede volver a competir al máximo nivel.

Con Quinteros al mando, la aspiración es convertir esa historia en un impulso para construir un equipo sólido, con una idea de juego reconocible y con la paciencia necesaria para ver a los jóvenes crecer, sin perder de vista el objetivo inmediato: clasificar a los playoffs y, por qué no, soñar con el título.