La ciudad de Córdoba vibra con el recibimiento a River Plate antes de la gran final del Torneo Apertura 2026. En Alberdi y Poeta Lugones, hinchas y comerciantes se mezclan en una escena de pasión pura, con el plantel entrenando expectativas junto a Eduardo Coudet y figuras como Armani, Montiel y Driussi. Un vistazo detallado a una noche que promete ser histórica.
En Córdoba se vive una atmósfera distinta a cualquier otra jornada del año. En Alberdi, alrededor del estadio Julio César Villagra, las calles se tiñen de celeste no por una victoria reciente, sino por la presencia de la hinchada de Belgrano que, desconvocando a su gente, lo hace entre cantos que no dejan un respiro.
A pocos minutos de allí, en el barrio Poeta Lugones, el frente del Holiday Inn se parece, por un rato largo, al frontispicio del estadio Monumental de Núñez.
Es la previa de una noche que podría terminar de forma histórica para River.
Una marea de riverplatenses ocupa, en varias filas, la vereda que delimita un tramo de unos 50 metros frente al hotel. El ambiente es de espera y de fe: se cantan consignas, se grita por el campeonato y se lanzan promesas de triunfo. Entre cánticos y conversaciones, se repiten frases que transmiten confianza: "Mañana ganamos. Hay mucha fe. River está para ganar, está para campeonar". Cada voz parece sumar al eco colectivo que ya se siente dentro de los pasillos del Holiday Inn y sus alrededores.
A partir de las 20:30, a unos 70 u 80 metros, la rotonda que tiene en el centro la escultura "Hacedores de mares" se convierte en un escenario improvisado: dos colectivos negros, vestidos con los colores de River, se asoman a los costados y la multitud se enciende todavía más.
"Ahí vienen", se escucha entre la emoción. Y entonces estalla el grito: "River, mi buen amigo". Es la hinchada que quiere ver campeón, que sueña con un desenlace favorable y que, con cada nota de ese canto, se siente más cerca de la gloria.
El plantel del Millonario llega al hotel, pero la expectación no se disipa: los fanáticos no se moverán de su lugar. Quieren ver a los jugadores salir, firmar autógrafos, tomarse fotos. Y así fue. En cuestión de minutos, el propio Eduardo Coudet, seguido de figuras como Franco Armani, Santiago Beltrán, Gonzalo Montiel, Germán Pezzella, Marcos Acuña, Juan Fernando Quintero, Juan Cruz Meza, Maximiliano Salas y Sebastián Driussi, salen a la vereda para responder al recibimiento.
El éxtasis de la gente es absoluto: banderas se agitan, fuegos artificiales iluminan breves instantes y bengalas de humo surgen y se disipan con el viento frío de la noche cordobesa.
Entre los gestos curiosos, destaca que Montiel firma la moto de un policía que custodia el lugar; es una escena que resume la cercanía entre la hinchada y los protagonistas: un momento de complicidad que se vive fuera de la cancha.
Las imágenes de ese momento se repiten en las pantallas: el ambiente es de celebración anticipada, y la multitud, que llegó a alentar, ya se prepara para convertir la ciudad en un santuario propio de la previa.
Sin embargo, no todo el elenco estuvo en la fiesta: Lucas Martínez Quarta no salió al encuentro de los fans, porque partió desde el aeropuerto directo hacia el hotel Quorum.
Allí estaba programada la conferencia de prensa de la Liga Profesional junto a Lucas Zelarayán, un detalle que añade intriga a la jornada previa. Todo está dispuesto para la gran final del Torneo Apertura 2026. Este tipo de recibimientos, repetidos a lo largo de la historia del fútbol argentino, son parte de una tradición que une a la afición con el juego y que, en Córdoba, adquiere una dimensión aún mayor cuando se avecina un duelo decisivo para River Plate.
Así, la noche de hoy se escribe como un capítulo más de una historia que, entre cánticos, emociones y mapas de ruta, promete dejar huella en la memoria de los hinchas y en la historia reciente del fútbol del país.