La Copa del Mundo 2026 incrementará la participación a 48 selecciones, con debutantes como Cabo Verde, Jordania, Uzbekistán y Curazao, y un sistema de clasificación que incluye repescas para Surinam, Nueva Caledonia, Macedonia del Norte, Kosovo y Albania.
El Mundial 2026 contará con la participación de 48 selecciones, una cifra que marca la mayor expansión en la historia del torneo desde sus orígenes y que responde a una visión de FIFA de ampliar la presencia global del fútbol de alto nivel.
La próxima edición, que tendrá lugar en Norteamérica, distribuirá la acción en Canadá, Estados Unidos y México, con 16 sedes distribuidas entre estas tres naciones y un total de 104 encuentros programados.
Este cambio sustancial no solo aumenta la cantidad de partidos y de ciudades anfitrionas, sino que también eleva la expectativa de aficionados de todo el mundo, ansiosos por ver nuevas dinámicas, estilos y rivales emergentes en un escenario de alto nivel.
Uno de los aspectos más destacados de la clasificación para 2026 es la irrupción de países que, hasta ahora, tenían menos visibilidad en el ámbito mundial.
Cabo Verde, con una población que roza el medio millón de habitantes, se ha ganado un lugar histórico al convertirse en la nación más pequeña en asegurar un boleto para un Mundial.
Los Tiburones Azules mostraron una serie de rasgos que suelen repetirse en equipos que logran pegar un salto cualitativo: solidez defensiva, disciplina táctica y un sentido de equipo que trasciende las individualidades.
Su desempeño en las eliminatorias africanas fue sólido y demostraron que, con planificación y trabajo continuo, es posible desafiar a potencias más grandes del continente.
Esta historia reciente añade una nueva capa de inspiración para naciones de tamaños y realidades demográficas similares.
En Asia, dos debuts llaman la atención por su proyección y por la forma en que han consolidado proyectos a medio plazo: Jordania y Uzbekistán. Los jordanos, que vienen de alcanzar la final de la última Copa Asiática, ratificaron su progreso y aseguraron su pase directo con un juego ofensivo dinámico que sorprende por su verticalidad y por una defensa bien organizada.
Por su parte, Uzbekistán ha ido desmantelando viejos estigmas de rendimiento y ha emergido como una generación dominante que combina técnica y vigor físico en una región que, tradicionalmente, ha ofrecido sorpresas cuando su talento se sincroniza al máximo.
Este dúo de debuts subraya la diversidad de estilos que puede ofrecer el nuevo formato del torneo.
Otra historia de éxito que merece atención es la de Curazao. Bajo la dirección técnica de un veterano como Dick Advocaat, el equipo caribeño aprovechó el aumento de cupos en la CONCACAF para sellar una campaña histórica.
Con una columna vertebral de jugadores que actúan en ligas europeas y un equilibrio táctico bien trabajado, Curazao terminó invicto su fase de grupos y aseguró su boleto mundialista, dejando claro que con una planificación a largo plazo es posible convertir a una nación de tamaño modesto en una protagonista de gran nivel en la escena global.
Este caso es un ejemplo claro de cómo la inversión en estructuras, cantera y experiencia internacional puede rendir frutos visibles en el escenario supreme del fútbol.
Además de Cabo Verde, Jordania, Uzbekistán y Curazao, la ruta de clasificación para 2026 contempla otras esperanzas que buscarán entrar en el torneo a través de dos vías de repesca en marzo de 2026.
Surinam y Nueva Caledonia disputarán la repesca intercontinental en México, con sedes en ciudades como Guadalajara y Monterrey, mientras que Macedonia del Norte, Kosovo y Albania competirán en la repesca de la UEFA, también prevista para marzo de 2026.
Este mini-torneo contará con 16 equipos y otorgará cuatro plazas mundialistas. El formato es sencillo en apariencia: cuatro llaves con semifinal y final a partido único, y los ganadores de cada llave obtendrán uno de los boletos disponibles.
Históricamente, la expansión a 48 equipos representa la mayor ampliación desde la transición de 24 a 32, ocurrida en 1998. Desde entonces, el fútbol mundial ha visto cambios constantes en el formato de clasificación, la logística de sedes y las oportunidades para selecciones de todas las confederaciones.
La edición 2026, al introducir más países y más diversidad de estilos, promete traer no solo más partidos, sino también historias de superación y de integración regional que enriquecen el legado del torneo.
En términos prácticos, la mayor cantidad de cupos implica una preparación más rigurosa para las selecciones y una planificación logística más compleja para las ciudades anfitrionas, pero también multiplica la posibilidad de ver duelos inéditos y encuentros que, de otro modo, podrían no repetirse durante décadas.
El crecimiento de la audiencia y de la inversión en infraestructuras para este tipo de eventos podría generar efectos positivos a largo plazo para el desarrollo del fútbol en las confederaciones que tradicionalmente han contado con menos presencia en el escaparate mundial.
En definitiva, la edición de 2026 no solo reedita la emoción de competir en una Copa del Mundo, sino que refleja un cambio de época: un deporte cada vez más global, con más historias para contar, y con una oportunidad real para que comunidades más diversas se vean representadas en uno de los escenarios deportivos más importantes del planeta.