Análisis sobre el regreso de Maxi Salas a la titularidad de River Plate tras la lesión de Driussi, su rendimiento reciente y la llegada de Kendry Páez, con miras a 2026 y la mentalidad táctica de Marcelo Gallardo.

Maxi Salas encara un año decisivo para volver a ser protagonista en River Plate. Tras un 2025 complicado, marcado por la polémica salida de Racing y el temprano rendimiento destacado que mostró al arribar al conjunto de Núñez, el correntino cerró el ciclo anterior difuso y arrancó 2026 como alternativa en el frente de ataque.

Sin embargo, la inesperada lesión de Sebastián Driussi abre una ventana para que Salas recupere la confianza del técnico y la continuidad que le permita reencontrarse con su mejor versión.

En la jerarquía de opciones ofensivas, Salas se convirtió en la primera carta de recambio para suplir a Driussi, y ya lo demostró al ingresar para el segundo tiempo del empate sin goles frente a Rosario Central en Arroyito tras la salida del capitán.

No fue el único encuentro en el que participó: ante Gimnasia ingresó por Driussi y, en la primera fecha frente a Barracas, lo hizo por Juan Fernando Quintero.

Estas actuaciones, con altibajos, señalan que el delantero tiene minutos a su favor, pero también que aún debe demostrar regularidad para sostenerse como una solución confiable para el ataque.

En el choque con Central, Salas tuvo una opción clara de gol, un disparo de volea desde el borde del área que quedó controlado por Jeremías Ledesma.

Después, le costó entrar en el ritmo del juego: la pelota le llegó poco y, aunque mostró entrega y dinamismo, no consiguió desequilibrar a la defensa rival.

Aun así, este contexto podría ser propicio para que el delantero recupere esa chispa que mostró en sus primeros meses en River, cuando parecía destinado a convertirse en una pieza clave del ataque.

La realidad es que Salas contagió a River con su inicio, pero el club también terminó contagiándolo a él, hasta el punto de registrar apenas cuatro goles en 21 partidos, y sin anotar desde el 2 de octubre, cuando marcó frente a su ex club en la victoria de la institución por la Copa Argentina.

Desde ese partido han pasado 10 encuentros sin que haya vuelto a festejar. En ese marco, el objetivo para 2026 es claro: volver a aquella versión inicial que justificó la inversión del club, que ascendió a 8.000.000 de euros netos, y, sobre todo, recuperar la continuidad que permita a Salas justificar de manera sostenida su puesto en el plantel.

Pero la conversación no se limita al jugador y su rendimiento individual. La dependencia de Salas para completar el ataque depende también del rendimiento colectivo del equipo. Gallardo ha dejado claro su criterio: Salas debe ser aprovechado como delantero central en un esquema que no acostumbra a blindar a un 9 de referencia, y que, por el contrario, prioriza movimientos más versátiles y dinámicos.

“Salas es delantero. Nosotros no solemos jugar con un 9 de referencia y es el sistema con las características que tenemos para jugar”, afirmó el Muñeco, defendiendo a Salas junto a los demás atacantes a pesar de la sequía de goles.

Con estas ideas, la expectativa es que el delantero aporte, al menos, la continuidad necesaria para que el equipo recupere sensaciones en el frente de ataque.

Otra novedad relevante para River es Kendry Páez, un joven ecuatoriano de 18 años que llegó desde Europa y se halla bajo propiedad de Chelsea, con pasaje por Racing de Estrasburgo (allí disputó 718 minutos en 21 partidos, con un gol).

Rafa Cedió a River en este periodo, y su debut se espera para el 17 de este mes ante Ciudad Bolívar por la Copa Argentina. El objetivo de los responsables técnicos es que Páez, tras una semana de trabajo en RiverCamp, se adapte al estilo del fútbol argentino, que exige mayor intensidad y menor espacio para maniobrar.

Aunque todavía podría demorar algunas semanas, existe optimismo en que su perfil de gambeteador explosivo y desequilibrante se convierta en una pieza de valor para las transiciones y la generación de juego.

Páez utilizará la camiseta 19, mientras que Driussi dejó libre el número 9 para empezar a usarlo, según la interpretación del cuerpo técnico. Esta decisión apunta a configurar una competencia sana y a buscar soluciones en ataque desde distintas variantes.

En síntesis, 2026 propone para Salas un escenario de pruebas: demostrar que la inversión realizada hace un año sigue teniendo sentido, recuperar el rendimiento que justificó su contratación y, lo más importante, ayudar a River a sostener un rendimiento competitivo en una temporada en la que las candidaturas al título y las metas europeas siguen en el horizonte.

Con Gallardo dirigiendo los hilos y Páez todavía en proceso de adaptación, el equipo deberá balancear la experiencia de Salas con la juventud de un extremo nuevo que podría amenazar con abrir nuevos espacios y opciones en el ataque.

Si logra encadenar actuaciones consistentes, Salas podría convertirse en el valor seguro que River necesita para no depender de un único hombre en la ofensiva y para sostener la presión en cada partido de la competición local y de la Copa Argentina.