Paolo Maldini y Leonardo presentan su renuncia como directores deportivos de la selección italiana tras solo 17 días, debido al veto de la FIGC a Andrea Pirlo como seleccionador por su vínculo con casas de apuestas. Ahora, la Azzurra busca entrenador entre Antonio Conte y Roberto Mancini, en medio de una crisis institucional.

La crisis del fútbol italiano no da tregua. Hace apenas 17 días, la FIGC anunció con bombo y platillo la llegada de Paolo Maldini y Leonardo para liderar la reconstrucción deportiva de la selección.

Se suponía que iba a ser el inicio de una nueva era, pero ya se ha convertido en un nuevo capítulo de la crisis. Resulta que ambos han presentado su renuncia, según ha informado La Gazzetta dello Sport. El motivo: el fracaso de la candidatura de Andrea Pirlo como seleccionador.

Pirlo era el hombre elegido por Maldini y Leonardo para sustituir a Gennaro Gattuso, que dejó el cargo tras no clasificar a Italia para el Mundial de 2022.

Pero todo se torció cuando se conoció que Pirlo tenía un vínculo comercial con Fonbet, una casa de apuestas rusa. La FIGC consideró que era un conflicto de intereses y vetó su nombramiento. Al no poder contar con su candidato, Maldini y Leonardo han decidido dar un paso al lado.

Ahora, la búsqueda del nuevo seleccionador se reduce a dos nombres: Antonio Conte y Roberto Mancini. Conte es el favorito de los clubes de la Serie A. Su currículum habla por sí solo: ganó la Premier con el Chelsea, la Serie A con la Juventus y el Inter, y también dirigió a la selección italiana en la Eurocopa 2016.

Es un técnico de carácter fuerte, que no se calla nada y que exige mucho a sus jugadores. Por otro lado, Roberto Mancini ya sabe lo que es tener éxito con Italia: fue el artífice de la conquista de la Eurocopa 2021, un título que devolvió la ilusión a un país que no ganaba un gran torneo desde 2006.

Mancini es más tranquilo, pero igual de ambicioso.

La salida de Maldini y Leonardo no solo afecta al banquillo. Ambos habían diseñado un proyecto global para relanzar el fútbol italiano, que incluía cambios en las categorías inferiores, en la scouting y en la relación con los clubes.

Presentaron su plan ante los presidentes de la Serie A solo tres días antes de renunciar. Ahora, todo ese trabajo se queda en nada.

La situación es especialmente delicada porque Italia viene de una década muy irregular. La no clasificación para el Mundial de 2018 fue un shock mayúsculo. Luego llegó la victoria en la Eurocopa 2021, que pareció indicar que el rumbo era el correcto. Pero la eliminación en las eliminatorias para el Mundial de 2022 demostró que los problemas seguían ahí. La selección necesita una dirección clara, y ahora mismo no la tiene.

Además, el fútbol italiano arrastra otros problemas: estadios antiguos, falta de inversión, violencia en las gradas, y una Serie A que ha perdido peso en Europa.

La crisis de la selección es solo la punta del iceberg.

Mientras tanto, la afición italiana espera con ansiedad una solución. No hay tiempo que perder: los próximos partidos de clasificación para la Eurocopa 2024 están cerca. Si Italia no reacciona, podría quedarse fuera de otro gran torneo. Conte y Mancini son dos técnicos de primer nivel, pero ambos tienen carácter y exigencias. Habrá que ver si la FIGC es capaz de gestionar a uno de ellos.

La historia reciente de la selección italiana es una montaña rusa. Desde el triunfo en el Mundial de 2006, el equipo ha pasado por varias fases. La generación dorada se fue retirando y no llegaron recambios. La crisis institucional tampoco ayudó. Ahora, con la directiva deportiva renunciada y el banquillo vacante, la Azzurra está en su punto más bajo desde entonces. El tiempo corre y la afición espera que esta vez se tomen las decisiones correctas.