La jornada inaugural en Mendoza dejó un gol cuestionado que reavivó el debate sobre la supervisión arbitral y la aplicación del VAR en la Liga Profesional.

En 2025, los errores arbitrales se acumularon en el fútbol de los campeones del mundo. Y el comienzo del Torneo Apertura de la Liga Profesional no fue la excepción. En la madrugada de Mendoza, la historia dio un giro cuando el juez Bryan Ferreyra convalidó un gol que muchos consideraron fantasma, y que terminó favoreciendo a Independiente Rivadavia, club con la presidencia del empresario Daniel Vila, frente a Atlético Tucumán en su debut de la competición.

El partido se disputó bajo condiciones climáticas adversas: llovía durante el entretiempo, cayó granizo y hubo un corte de luz que se restableció, pero la comunicación con Ezeiza para el VAR tardó en producirse, lo que retrasó el reinicio del segundo tiempo.

El ambiente fue tenso desde temprano, y la incidencia arbitral se convirtió en el eje de la conversación nocturna.

A los 9 minutos de la segunda mitad, Matías Fernández adelantó a Independiente Rivadavia tras interceptar una pelota en la medialuna y rematar hacia la esquina.

A los 41, tras la revisión del VAR, Ferreira modificó su decisión y señaló un penal a favor de Independiente Rivadavia, convertido por Leandro Díaz para sellar el empate.

El partido siguió con emoción, y poco después, la acción del equipo local parecía cerrar la cuenta cuando Iván Villalba acercó el balón al travesaño tras un remate y, en el rebote, Alejo Osella empujó la pelota para poner el 2-1.

La celebración local dio paso a protestas en el banco visitante: Atlético Tucumán presentó reparos ante la toma de decisión de Ferreyra, que, a instancias de su asistente, había convalidado el 2-1.

Desde Ezeiza, los encargados del VAR confirmaron el tanto y sostuvieron la decisión arbitral, marcando la primera controversia de la jornada y reflejando el peso de las revisiones en un inicio de campeonato ya de por sí cargado de expectativa.

Este episodio encarna una de las discusiones centrales del fútbol argentino en los últimos años: el papel del VAR y la necesidad de que las decisiones arbitrales se tomen con transparencia y consistencia.

En un deporte que se debate entre el ritmo del juego y la precisión tecnológica, cada partido termina alimentando un debate que, tarde o temprano, invita a una revisión de protocolos y capacitación para asegurar que la justicia deportiva no dependa de la casualidad o de dificultades logísticas.

En Mendoza, los aficionados y los protagonistas quedaron a la espera de criterios más claros y una aplicación más uniforme del sistema de revisión, para que el desarrollo del torneo se vea menos afectado por errores que, como este, quedan grabados en la memoria de quienes siguen el fútbol.