La jugada final del superclásico dejó en el aire si hubo falta dentro del área. Darío Herrera no pitó penal y el VAR, liderado por Héctor Paletta, no intervino. Analizamos la jugada y su marco histórico en el arbitraje argentino.
En el tramo final del superclásico disputado en el Monumental, la chispa que encendió la polémica vino de una acción de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta dentro del área, tras la salida de un balón.
Iban 48 minutos de la segunda mitad cuando, después de un pelotazo lanzado por Marcos Acuña, el defensor de River cayó al suelo tras el roce. Los jugadores de River se fueron de inmediato a pedir penal, pero Darío Herrera dejó seguir y ni el árbitro asistente ni el VAR, comandado por Héctor Paletta, intervinieron.
En ese momento, la controversia ya tenía vida propia: para algunos era una infracción clara; para otros, una jugada de contacto que debía dejarse continuar.
La discusión no terminó ahí, porque apenas terminó el partido, las protestas de la banda millonaria se desplazaron a las redes y a la cancha, con el foco puesto en Tapia, ya que la afición reclamaba mayor consistencia en los criterios de revisión.
La jugada tuvo una segunda vuelta de novela cuando, minutos después, el árbitro de turno había validado un gol tras una mano de Lautaro Rivero que terminó en el tanto de Leandro Paredes, hecho por el que también se abrió un capítulo de debate sobre la consistencia de las revisiones.
En el análisis inmediato, el propio Herrera dejó la sensación de que la acción de Blanco dentro del área no merecía sanción, y el VAR no lo llamó para revisar.
Esta secuencia disparó una lluvia de comparaciones con otros momentos del fútbol argentino donde las decisiones arbitrales generaron ruido y polémica, tanto por no sancionar como por revisar de forma discreta ciertas situaciones.
Ya fuera de la cancha, el debate se encendió con la opinión de Javier Castrilli, quien aprovecha estas ocasiones para expresar su postura sobre la seguridad jurídica en el juego.
El exárbitro utilizó las redes para sostener que hubo un desplazamiento claro del brazo y, por lo tanto, penal, añadiendo que este tipo de situaciones refleja una falta de claridad en las reglas y su aplicación.
Sus palabras recalcaron que la disciplina debe avanzar hacia criterios más previsibles para evitar que cada partido termine con una campaña de reconocimiento de errores y reconvenciones después del pitido final.
El episodio del Monumental se enmarca dentro de una historia más amplia de debates sobre el papel del VAR y de Paletta como parte de la “línea de confianza” de Beligoy y Tapia.
En el pasado reciente, su presencia en superclásicos ha provocado opinones divididas y múltiples lecturas sobre si se deben hacer ajustes en la toma de decisiones a distancia.
No es la primera vez que Paletta aparece en el centro de la tormenta: en noviembre de 2025, River protestó por una falta previa al gol de Zeballos, en la que el VAR no intervino; en septiembre de 2024, la Bombonera recibió un 1-0 con dos posibles expulsiones para Marcos Rojo que no encontraron revisión; y a comienzos de 2026, un episodio frente a Barracas Central dejó en claro que la memoria de estas situaciones no se borra.
Así las cosas, el choque en el Monumental deja más que un resultado en el marcador: abre un periodo de reflexión sobre la consistencia de los criterios, la independencia de los árbitros asistentes y la necesidad de que el fútbol argentino ofrezca un marco más claro para los protagonistas y para los aficionados.
Mientras tanto, los hinchas miran hacia el futuro con la esperanza de que las próximas decisiones lleguen con mayor certeza y menos ruido, y que el arbitraje gane en transparencia para que el fútbol siga siendo, ante todo, un juego de reglas que premien la justicia y no la controversia.