El exfutbolista Djalminha rompe su silencio sobre la rivalidad entre Argentina y Brasil, recuerda a Scaloni y la etapa dorada del Deportivo de La Coruña, y ofrece una mirada detallada sobre el fútbol de los 90 y principios de los 2000, con anécdotas personales y análisis sobre el juego actual.
Djalminha nunca entendió esa famosa rivalidad entre Argentina y Brasil como la que se vende en los medios. En una conversación con Clarín, el brasileño dejó claro que para él la línea entre ambos países siempre estuvo más difusa que lo que dictan los clásicos.
Ha compartido vestuarios con argentinos en varios clubes y, según su experiencia, sus mejores compañeros fueron justamente los jugadores del otro lado de la frontera.
Entre los nombres que resuenan cuando recuerda aquella época están Lionel Scaloni y el Turu Flores, colegas con los que convivió en Deportivo de La Coruña.
Y sí, también contó que el empujón que terminó empujándolo a la retirada llegó durante un periodo en América de México, a manos de Horacio Coco Ameli.
No es una historia de resentimiento, es la confesión de un tipo que sabe medir el valor de cada momento y de cada compañero de equipo.
Con una zurda que parecía de otro planeta, Djalminha dejó en claro por qué fue ídolo de generaciones enteras. Sus regates, sus giros y la habilidad para convertir pases imposibles en asistencias eran parte de un repertorio que fascinaba antes de que las redes sociales existieran y todo se viralizara.
Aquellos años en Palmeiras, donde en 1996 fue elegido mejor jugador del Brasileirão, son su carta de presentación individual. Pero la fama mundial le llegó con el Deportivo de La Coruña, ese equipo conocido como el SuperDepor que sorprendió al fútbol español y dejó huella en la Liga con su juego atrevido y equilibrado.
En aquellos meses, Scaloni era un jugador joven que se convirtió en compañero inseparable para Djalminha, y la afición de La Coruña lo acogió como símbolo de un fútbol que unía creatividad y disciplina.
Djalminha describe a Scaloni como una persona fenomenal dentro del vestuario: su capacidad para juntar al grupo, su enfoque, su dedicación y ese toque de humor fuera del césped que ayuda a mantener la calma cuando el equipo necesita serenidad.
Si miras hacia la selección argentina de entonces y hacia la actual, la opinión de Djalminha es clara: Scaloni supo construir un equipo compacto, con líderes que entienden el juego y con Messi liberado para ser decisivo.
En su lectura, Argentina no solo depende de titulares; es un conjunto que, si funciona, puede competir de igual a igual con cualquiera. En cuanto al panorama global, el ex jugador coloca a Francia por encima, pero advierte que nadie debe descartarse: el fútbol actual es impredecible y cualquier batalla puede terminar al contrario de lo que parece.
Sobre Brasil y Ancelotti, su diagnóstico es prudente: el equipo está haciendo bien las cosas, pero aún falta pulir la estructura para que la presión no gane a la calidad; Neymar, según su lectura, encontró en el retorno a minutos una estabilidad que ayuda a encajar al equipo, aunque la plantilla aún esté en proceso de construcción.
Djalminha recuerda su paso por la selección brasileña en cambios de época. Aunque disputó Copa América 1997, no llegó a jugar un Mundial en su tiempo: Zagallo no lo llevó a Italia 1998 por estar, a su juicio, fuera de su mejor forma en La Coruña.
En 2002, él dice que Felipão Scolari nunca terminó de convencerlo para unirse al grupo; Rivaldo fue quien terminó destacando en aquel Mundial. Es una memoria que no es simple nostalgia: está entre las razones que explican por qué dejó la formación de equipo de Brasil y dio cabida a otras etapas de su vida.
Tras colgar las botas, Djalminha dio un giro hacia el periodismo. Después de 17 años en ESPN Brasil, en 2024 se unió a CazéTV y asesoró el seguimiento del Mundial desde Estados Unidos, viajando a Kansas City para estar cerca de la Argentina.
Su motivación, sostiene, puede estar en su español y en su relación con Scaloni, algo que le da un lugar privilegiado para analizar a la Albiceleste desde dentro.
En su visión del fútbol actual, hay una nostalgia por una época en la que el juego tenía más libertad y menos limitaciones: la técnica acogía movimientos que hoy, a veces, quedan por debajo de lo que exige la táctica.
Critica el peso excesivo de las figuras públicas y el hecho de que el juego ya no es solo juego, sino espectáculo. Aun así, no cambia de tema cuando llega Messi: para Djalminha, Leo seguirá siendo el mejor del mundo mientras esté activo, porque su inteligencia de juego y su visión de campo son de otro planeta.
Sobre Pelé y Maradona, su elección es clara: Pelé es el número uno, un fenómeno que marcó una era y dio ejemplos que se repiten en cada generación de futbolistas.
En su conversación también salpica la paciencia que exige el fútbol actual para que las grandes leyendas brillen: elige Boca por encima de River si hay que decidir, porque ese ambiente tiene una mística y una historia que él vivió y que lo dejó marcado.
Entre recuerdos, anécdotas y una mirada al presente, Djalminha muestra que el fútbol no es solo técnica y táctica: es gente, momentos compartidos y decisiones que nacen de una intuición que, a veces, no entiende de rencillas ni de fronteras.
El fútbol de su vida fue un espejo de cómo se aprende, se comparten vestuarios y se crece junto a compañeros que, sin importar su origen, terminan siendo imprescindibles en la propia historia deportiva.