La noticia explica cómo, al terminar la fase regular, la competición determina qué equipos pasan directamente a octavos y cuáles disputarán una ronda previa, con la final programada para el 30 de mayo en el Puskás Arena de Budapest y el uso de la Inteligencia Artificial para la organización de los encuentros.

La fase regular de la Champions League ha llegado a su fin tras ocho jornadas en las que 36 clubes se enfrentaron por sumar puntos y tratar de asegurarse un lugar en la siguiente fase.

El objetivo compartido por todos los equipos era claro: avanzar hasta la final, que se disputará el 30 de mayo en el estadio Puskás Arena de Budapest, Hungría.

El certamen continúa experimentando con su formato, y esta temporada marca la segunda edición de un modelo que ha sido concebido para distribuir los encuentros con una mirada estructurada en base a clasificaciones de la UEFA y al uso de la Inteligencia Artificial.

Así se cerró la última fecha, con 18 duelos jugados de forma simultánea para evitar cualquier indicio de beneficio indebido o de desequilibrio entre los participantes.

En la jornada del miércoles 28 de enero quedó claro el diseño de la fase decisiva: los ocho mejores de la tabla obtienen el pase directo a los octavos de final, mientras que los puestos que van del 9 al 24 disputarán un playoff previo para definir otros ocho clubes que acompañarán a los primeros en la siguiente llave de eliminatorias.

De este modo, la competencia queda cerrada en una clasificación definitiva que indica quiénes avanzarán directamente y quiénes deberán sortear una ronda adicional antes de luchar por el título.

Una vez concluida la jornada y con la tabla inamovible, la Champions ya conoce a los ocho equipos que estarán en octavos y a los dieciséis que ingresarán en esa instancia previa, la llamada llave de playoff, que a su vez otorga otros ocho boletos para la fase de eliminación directa.

Este esquema, defendido por la organización para mejorar la equidad entre calendarios y rivales, también ha abierto un debate sobre la transparencia y la eficiencia en la planificación de encuentros, especialmente por el uso de algoritmos de IA que ponderan factores como el ranking UEFA y el rendimiento reciente de cada equipo.

Este diseño constituye una de las innovaciones más visibles de la competición en la última década, en un contexto en el que la UEFA ha buscado mantener el interés durante toda la fase de grupos y, al mismo tiempo, reducir la congestión del calendario.

A nivel histórico, la Champions ha atravesado cambios significativos a lo largo de los años para adaptar el torneo a las dinámicas del fútbol moderno: la introducción de nuevos criterios de clasificación y la experimentación con formatos de playoff han sido parte de ese proceso de ajuste.

En el caso presente, la final permanece fijada en Budapest, una ciudad que ya ha vivido encuentros decisivos de competiciones europeas y que, con el estadio Puskás Arena, se presenta como un escenario emblemático para el cierre de la presente edición.

Más allá de la estructura, la noticia destaca el interés de observar cómo la combinación de rankings, rendimiento y tecnología puede influir en la distribución de las eliminatorias.

Los fanáticos siguen atentos a la fase final, esperando ver si el formato logra equilibrar las oportunidades entre clubes de distintas ligas y si los equipos lograrán sostener su rendimiento en una parte decisiva de la temporada.

Con la etapa de octavos a la vuelta de la esquina y el compromiso de terminar la campaña en la capital húngara, la Champions League continúa escribiendo su relato, mezclando tradición deportiva con innovaciones que buscan optimizar la competencia en un mundo cada vez más dependiente de la tecnología.