La Canarinha mostró serios problemas en los laterales y la creación, sufrió para controlar el juego y tuvo que remontar ante Marruecos para sumar un punto. Vinícius Júnior apareció para rescatar el empate, pero quedan dudas que deben aclararse antes del siguiente choque.

La primera salida de Brasil en el Mundial dejó claro que hay varias asignaturas pendientes para este equipo, que llega con la etiqueta de favorito pero que mostró grietas notables desde el minuto uno.

En Nueva Jersey, ante Marruecos, el conjunto de Carlo Ancelotti terminó igualando 1-1, un resultado que, si bien evita el golpe seco de la derrota, evidencia dos frentes que deben ajustarse rápido: la defensa por las bandas y la creación en el medio.

Carencias en los laterales

La defensa por las bandas fue el primer dolor de cabeza. Es paradójico que una selección tan reconocida por su historia ofensiva no tenga ahora de inmediato atacantes de perfil clásico por las bandas, pero la realidad es que Brasil no cuenta con los laterales de antaño que imponían respeto al subir y retroceder con la misma contundencia.

Ancelotti ya lo señaló en marzo: los laterales actuales no llegan a las referencias históricas de Roberto Carlos, Carlos Alberto o, más cercano en el tiempo, Marcelo y Dani Alves.

Al salir de inicio, Danilo ocupó el sector derecho, mientras que en el izquierdo estuvieron Douglas Santos y Alex Sandro peleando por el puesto, con la presencia adicional de otros defensores que pueden moverse a la banda si hace falta, pero sin perder el sello defensivo.

El problema se agrava por la baja de Wesley, quien había mostrado similitudes con esas leyendas pero se lesionó días antes del estreno y quedó fuera de la convocatoria.

Con Wesley fuera, el técnico se quedó con dos laterales puros por izquierda y, en la derecha, con Danilo que, aunque veterano, fue puesto a prueba en un duelo exigente y tuvo que recomponerse en varios tramos.

Al final, el equipo tuvo que vivir con desbordes rivales y con la necesidad de ajustes a mitad de partido, lo que no ayuda a la hora de construir una estructura sólida en defensa.

Grietas en la zaga y en el mediocampo

No es solo una cuestión de banda, porque la defensa tampoco ofrece consistencia constante. Las cifras ayudan a entender la preocupación: Brasil suma seis partidos consecutivos recibiendo goles y, en lo que va de la era de Ancelotti, ya le marcaron 12 tantos en trece compromisos.

Esa fragilidad se mostró muy pronto en el Mundial: a los 20 minutos, un error en el medio dejó a Marruecos con un pasillo entre la defensa y el mediocampo.

Brahim Díaz aprovechó el fallo de Lucas Paquetá y encontró un hueco entre Marquinhos y Gabriel Magalhães; Ismael Saibari recogió el balón y, con un toque preciso, batió a la defensa para poner el 1-0.

El propio Casemiro dejó ver la autocrítica: “Podríamos haber tenido más control del juego. Perdimos el balón muchas veces en fases importantes del mediocampo”. Aunque su rendimiento ha sido notable en la temporada con el Manchester United, ante Marruecos se le vió fuera de ritmo en el tramo clave del mejor momento rival.

Sin ideas en el medio y dependencia de individualidades

Otra grande preocupación es la parte creativa. Brasil, que ha dependido históricamente de estrellas para generar fútbol de alto nivel, ahora recurre a figuras como Vinícius Júnior y Raphinha para desequilibrar, porque no aparece una pieza clara que trabaje el juego desde la base.

Neymar está lesionado y fuera de ritmo desde hace tiempo, y Lucas Paquetá, que debía asumir ese rol de enganche, no logró imponer su idea de juego frente a Marruecos.

Paquetá recibió la pelota, intentó hacerse sitio, pero le costó encontrar socios y darle salida al balón, dejándole más responsabilidad al desborde de Vini o a destellos de Vinícius en el tramo final.

Con todo, Vinícius Júnior fue una luz en Nueva Jersey. En datos y sensaciones, el delantero del Real Madrid intentó brillar con acciones de velocidad y arranque, y terminó siendo quien salvó el papel de su equipo con el empate, una vez que Brasil dominó más espacios en la segunda mitad y logró buscar mejores opciones de juego, aunque sin un recetario claro para convertir esas oportunidades en gol.

Qué viene y qué debe mejorar

El equipo de Ancelotti tiene un compromiso directo el próximo partido ante Haití en Filadelfia, y la presión de mostrar un progreso inmediato aumenta.

No es solo cuestión de sumar puntos; es la necesidad de que la defensa gane solidez, que los laterales recuperen su función de ida y vuelta, y que el mediocampo aporte más control y creatividad para no depender tanto de momentos individuales.

El Mundial premia el detalle y la continuidad, y Brasil necesita afinar sus engranajes cuanto antes para evitar verse lastrada por errores y por una falta de tono que, en un torneo de alta exigencia, se paga muy caro.

Historial y contexto para entender la situación

Este Mundial llega en un momento en que Brasil quiere volver a alzar la copa, título que conquistó por última vez en 2002.

A lo largo de las décadas, la Canarinha ha sido sinónimo de talento, pero también de presión constante sobre cada novel integrante de la generación actual.

Con Ancelotti al mando, una mezcla de experiencia internacional y juventud se esperaba que acercara al equipo a ese equilibrio entre brillo individual y juego colectivo.

La derrota o el tropiezo temprano suele ser un espejo duro, pero también una oportunidad para corregir rumbos: en el fútbol moderno, la profundidad de plantilla y la solidez táctica a veces pesan más que el brillo de una jugada aislada.

Este inicio de grupo, con un punto de Marruecos y con Haití por delante, es una primera acción para medir cuánta evolución hay realmente en el equipo de Ancelotti y si son capaces de convertir los próximos minutos en una versión más compacta y eficiente del equipo de Brasil.